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Opinión

Twitter, el último bastión de las redes sociales «libres»

¿Por qué todo el mundo habla de esta compra y por qué no todo tiene que ver con la libertad de expresión?

Twitter, el último bastión de las redes sociales «libres»

Souvik Banerjee | Unplash

«Twitter tiene un propósito y una relevancia que afecta a todo el mundo», dijo el director ejecutivo de Twitter, Parag Agrawal, en un tuit que confirmaba la venta de Twitter a Elon Musk. El hombre más rico del mundo, según Forbes, ha adquirido esta red social por la insólita suma –al menos, en compañías tecnológicas– de 44.000 millones de dólares, para los cuales tendrá que liquidar activos –como sus acciones de Tesla– y así poder para pagar la operación por su cuenta. 

Pero, ¿qué significa que el dueño de los coches eléctricos Tesla haya comprado una red social que estaba valorada en 360 millones de dólares? En resumen, poder en el debate público. 

Musk puede ser el tío de los coches eléctricos y el inversor de las naves que nos harán viajar a Marte en el futuro, pero no tiene ningún bastión en el presente, algo que sí tiene Mark Zuckerberg, quien –como ya sabemos– ha podido incidir en el debate público, tanto así, que fue a juicio por el caso de Cambridge Analytica

A pesar de que el discurso de Musk afirma que no compra Twitter por influencia o por generar más dinero, sino por hacer la plataforma mejor, la exorbitada oferta nos crea ciertas dudas, y es que Elon Musk sabe lo que puede lograr en Twitter: sus tuits han cambiado negociaciones, le han hecho ganar más dinero o generar debate para intentar destruir a otros. Por ejemplo, afirmó que no aceptaría bitcoins para comprar coches Tesla al ser dañinos para el medio ambiente, una simple estrategia para hacer caer el valor del Bitcoin y que la criptomoneda por la que apostaba, Dogecoin, subiera.

Es entonces que esos 44.000 millones no solo harán que las acciones de Twitter suban en bolsa cuando este se haga con la compañía que creó Jack Dorsey, sino que le harán cargo de una gran audiencia mundial -200 millones de usuarios-, fulminando así el proyecto de la red social de Donald TrumpTruth Social-, pero haciendo que el expresidente estadounidense pueda volver este mismo año a la red social, a pesar de lo propuesto por Dorsey en su momento y justo dos años antes de la nueva elección presidencial. «Creo que los tiempos de espera son mejores que las prohibiciones permanentes», afirmó Musk en una Ted Talk el pasado jueves 14 de abril. No es de extrañar que los republicanos estén contentos con la compra de Twitter por parte de Musk.

El amor de Musk por Trump viene desde hace dos años, cuando aplaudió al expresidente al apoyar este los planes de Tesla de reabrir una fábrica de coches en California durante el confinamiento por el coronavirus. Pero no todo son acciones, también su retórica en Twitter parece adoptar la perspectiva Fox News, con un tuit como el publicado la semana pasada donde se burlaba de la postura de Netflix por incluir la cultura woke dentro de sus estrategias de contenidos, una apuesta que no le trajo resultados positivos en el primer trimestre a la plataforma de streaming.

El creador de Tesla podría estar tramando una estrategia a futuro, como ya lo ha hecho a lo largo de su carrera innovando con sus productos, pero ahora sucedería con una plataforma del presente que quizás –aún no podemos prever el futuro– le podría permitir a Musk eliminar los problemas que ha venido presentando con la Comisión de Mercado y Valores a través de ciertos favores políticos, como bien afirman los republicanos.

Más allá de su código abierto que presentará el algoritmo de Twitter en Github, al final el último bastión de la libertad de expresión que era Twitter se venderá como arma arrojadiza ante lo mismo que querían los emperadores romanos: poder, dinero y, sobre todo, populismo digital. No es ya la hora de preguntarse –como bien me dijo mi colega en este diario Cecilia de la Serna– ¿por qué, como sociedad, le hemos otorgado el poder del debate público a una empresa privada?

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