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Eva Durán: «Nadie nace siendo mataplantas y la ‘mano verde’ se entrena»

‘Plantas para ser feliz: autocuidado y plantfulness’ es el libro que la emprendedora Eva Durán ha escrito para propagar su amor por las plantas y describir cómo su cultivo puede ayudarnos a frenar y sanar la mente

Eva Durán: «Nadie nace siendo mataplantas y la ‘mano verde’ se entrena»

Sarah Dorweiler | Unsplash

Dicen que los poetas son quienes tienen que conocer el nombre de los árboles (y de las plantas, por extensión). Pero en realidad y, como cuenta Eva Durán, en Plantas para ser feliz: autocuidado y plantfulness para cuidar la mente (Editorial Vergara, 2022) todos deberíamos estar más en contacto con ellas, pues los beneficios de esta cercanía son ingentes y, por el contrario, vivir desconectados de la naturaleza nos hace daño.

Es lo que la autora llama en su obra desnaturalización: «Si te paras a pensar en las personas que conoces, muy probablemente puedas confirmar que se pasan muchas horas dentro de pantallas. Ordenadores, móviles y televisión. Y la mayor parte de las veinticuatro horas que tiene el día las pasan bajo techo. En pocos años nos hemos encontrado sumidos en este estilo de vida que en nada se parece a nuestros orígenes como seres naturales que somos. Vemos la naturaleza como algo ajeno, cuando en realidad el ser humano es naturaleza», me cuenta Eva, que refiere que nuestro país «es potencia mundial en consumo de ansiolíticos y antidepresivos», por lo que «deberíamos tomar ejemplo de países donde hacer baños de bosque es recetado por médicos, y cultivar jardines y huertos es parte de la terapia en centros de salud mental con mejoras muy notables en sus pacientes».

Pero no hay excusas, porque incluso para aquellos que no saquen tiempo para ir de excursión a la naturaleza, esta puede cohabitar con nosotros en nuestras casas. ¿Cómo? A través de las plantas de interior y de lo que Eva ha dado en llamar plantfulness, que no es otra cosa sino la forma de calmar la mente a través del cuidado de nuestras plantas. La autora es, como ella misma se define, madre, estudiosa multiapasionada y plantlover. Su biofilia le viene de lejos, desde niña, cuando sus padres y abuelos les gustaba ir a pasar los domingos a la naturaleza: «Recuerdo que en el bosque me sentía muy feliz».

Imagen vía Editorial Vergara.

Cuidar de nuestras plantas para cuidarnos a nosotros mismos

Uno de los párrafos de su libro reza: «Cultivar plantas nos ayuda a desarrollar muchas facetas de nuestra personalidad, como por ejemplo la paciencia, la observación, la constancia, el respeto por los tiempos de la naturaleza, la celebración de los pequeños logros, la mejora de la autoestima… Cuidar plantas es también un acto de autocuidado y una especie de yoga mental».

Al leerla, siento ganas súbitas de animarme, pero luego recuerdo lo frustrante que me ha resultado en ocasiones cuidar de una planta que no ha vivido lo esperado. Se lo pregunto, ¿cómo lidiar con la frustración que esto nos puede provocar? «Nadie nace siendo mataplantas y la ‘mano verde’ se entrena. Así que toda persona que decida vivir con plantas tendrá por delante un bonito camino para aprender su lenguaje. La naturaleza es una gran maestra si te dejas llevar por sus ritmos si practicas la observación y si, por supuesto, no te juzgas si algo no sale como habías previsto. Relacionarse con otros seres vivos tiene sus momentos buenos y otros regulares, y con las plantas no es diferente».

«Toda persona que decida vivir con plantas tendrá por delante un bonito camino para aprender su lenguaje. La naturaleza es una gran maestra si te dejas llevar por sus ritmos»

En este sentido, Plantas para ser feliz aporta una profusa guía de consejos para aprender ese lenguaje, el de nuestras plantas, y también da tips de por dónde empezar. Cuando le pregunto por una planta fácil con la que iniciarme, Eva me dice: «Hay plantas para todos los niveles de experiencia, estilo de vida y gustos. Recomiendo mucho las Aglaonemas, que las hay de diferentes especies y colores, son fáciles de entender y preciosas para deleitarse con ellas». 

Foto: Susan Wilkinson | Unsplash.

Poner la mente en blanco mediante la fotografía plantfulness

Quizá muchos no nos hemos sentido cercanos a las plantas por su carácter estático y sus, a priori, posibilidades limitadas, pero Eva Durán viene a poner patas arriba también esta creencia con un extenso apartado de su libro que dedica a distintas y creativas formas de relacionarnos con ellas. Incluso sugiere cómo disfrutar de ellas en compañía, no solo en soledad, como siempre se les ha atribuido. Una de esas opciones es la fotografía plantfulness, con la que dice haber experimentado beneficios parecidos a la meditación.

«La fotografía plantfulness es una de mis actividades meditativas favoritas, y a juzgar por las miles y miles de imágenes de plantas que encontramos en redes sociales, también lo es para muchas personas de todo el planeta», explica. No es necesario mucho: una ventana con luz natural basta para tener plantas en casa por las que poder «pasear siempre que necesites una pausa plantfulness, con cámara en mano o simplemente como contemplación activa para descansar la vista».

Eva Durán es la autora de ‘Plantas para ser feliz: autocuidado y plantfulness para cuidar la mente’. | Foto vía Editorial Vergara.

Al hilo de lo que decía al principio, Eva también tiene alma de poeta. En el libro habla así de otra de sus favoritas, tanto para la fotografía como para la contemplación: «Lo que más me gusta de estas plantas es que parecen delicadas, pero en realidad son tan resistentes como bonitas. Sus hojas tornasoladas se parecen a las alas de unas mariposas juguetonas. Si les da la brisa, aletean hasta que te hipnotizan». Se trata, tomen nota, de las Oxalis triangularis purpurea, una planta que además, tiene historia, como narra: «Me enamoré de la Oxalis de color morado al verla en perfiles de greenfluencers americanos. Yo, por aquel entonces, tenía una pequeña tienda online de plantas selectas, poco vistas por nuestros lares. Empecé a buscar proveedores, foto en mano. ‘Eva, esto no lo tenemos’. ‘Búscalas, por favor, en Holanda ¡o donde sea! Sé que las necesitamos’. La turra surtió efecto y poco después tenía dos bandejas de Oxalis maravillosas. Las tuve ‘en cuarentena’, estuvimos conociéndonos y las subí a la tienda online. Estas sutiles mariposillas púrpura volaron, en todos los sentidos, a los hogares de mis clientas que fascinadas me contaron el flechazo que sintieron al recibir su plantita en casa». Lo de Eva es tesón, y pasión plantífera.

Trasplantar como modo de darnos otra oportunidad

En la vida, casi siempre, necesitamos otra oportunidad. ¿La necesitan también las plantas? Leyendo el libro de Eva resolví que sí, y esa nueva vida se la otorgamos a través de la trasplantación, por la que le pregunto: «Creo que es un acto de confianza muy potente. Estás apostando por darle mejor vida a esa planta que quiere seguir creciendo. Y está literalmente en tus manos hacerlo. Es un regalo y un subidón de autoestima ver cómo crecen nuevos brotes gracias a esa oportunidad que le has dado. Cultivar plantas es estar en el presente y es confiar en el futuro».

«Cultivar plantas es estar en el presente y es confiar en el futuro»

Foto: Daniel Öberg | Unsplash.

Y además del presente y del futuro, las plantas también pueden tener un efecto para conectarnos con nuestro pasado, tal y como desarrolla en uno de los apartados del libro, que resulta muy emotivo. Se trata de las historias de propagación, con las que a través de un esqueje de la planta de alguien podemos obtener otra planta que nos recuerde a esa persona, incluso aunque ella ya no esté. Mi madre, por ejemplo, se llevó unos esquejes de rosa del jardín de una casa que ya no tenemos, y ahora en sus jardineras crecen estas flores como recuerdos.

Le hago otra pregunta a Eva: ¿Cuáles son las historias de propagación más bonitas que has conocido? «Las más entrañables son las que tienen que ver con las plantas de la abuela. Las abuelas vivieron en una época donde se vivía más pausadamente, no existía la imposición de la inmediatez y la impaciencia. Nuestras abuelas estaban muy conectadas con el hogar, con sus plantas y con los ritmos naturales de los alimentos cultivados. Me viene a la memoria una chica que me pidió ayuda para salvar una planta que venía de un esqueje de una planta de la abuelita ya fallecida. También una persona que heredó las plantas de su abuelo me explicaba que, cuando las cuidaba, sentía un vínculo todavía más especial con ellas porque le unían a él. Historias de humanos y plantas. Son maravillosas». Si se animan a probar este arte milenario, ya saben, el plantfulness les espera.

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