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¿No te gusta que te toquen? Puedes padecer hafefobia o miedo a ser tocado

Rechazar el contacto físico puede no ser solo una forma de expresarse, sino de ocultar un miedo irracional a ser tocado

¿No te gusta que te toquen? Puedes padecer hafefobia o miedo a ser tocado

Una persona evitando que la toquen. | Unsplash

Huelga decir que 2020 y 2021 se han empeñado en que ser tocados sea una cuestión de riesgo. Sin embargo, existe un miedo real aunque irracional a que nos toquen. Su nombre, hafefobia, y sus síntomas y prevalencia se han disparado tras la pandemia. Una especie de ‘Nadie conoce a nadie’ que se ha magnificado con la distancia social y que, en muchos casos, nos priva de uno de los sentidos más importantes.

El tacto, junto a olfato, oído, vista y gusto, forma parte de nuestra quintaesencia sensorial. Quizá no le prestemos suficiente atención, pero es el primero de los sentidos en desarrollarse. Esto aún ocurre cuando estamos en el útero materno, y también un sentido más importante de lo que parece. Más allá de lo que meramente táctil, este sentido es la mayor alarma que el cuerpo humano tiene, capaz de hacernos percibir temperaturas, durezas, presión o textura.

Por poner un ejemplo, podemos saber que el fuego quema porque lo sentimos y no porque lo veamos. Sin tacto, no sabríamos que una llama puede quemarnos y provocar heridas aunque la veamos. Lo mismo que podríamos extrapolar a cortes o lesiones, ya que necesitamos ese ‘aviso’ a flor de piel.

Más allá de sus virtudes como alarma, el tacto es un sentido eminentemente social con el que los vínculos afectivos se refuerzan y que no se pueden procesar de otra manera. Sin embargo, este par de últimos años han puesto sobre la mesa una fobia que nos toquen, es decir, la hafefobia, derivada del distanciamiento social provocado por el covid-19.

Qué es la hafefobia o el miedo a tocar y ser tocado

Es una fobia irracional dentro de lo que se conoce como fobias específicas. Según explican desde MSD Manuals, una fobia específica es aquella que «comporta una ansiedad persistente, irreal e intensa en relación con el miedo que provocan determinadas situaciones, circunstancias u objetos concretos».

También llamada afefobia, hafofobia, hapnofobia, haptephobia, haptofobia, thixofobia y quiraptofobia, la hafefobia no es una fobia solo pasiva. Es decir, el fóbico no solo tiene miedo a ser tocado, sino también a tocar como sujeto activo. Es decir, nos puede dar miedo que nos toquen, pero también que nosotros tengamos que tocar algo. Puede ser a una persona, a un animal o a un objeto inanimado, que desembocan así en episodios de gran ansiedad.

Lógicamente, su impacto es altísimo en la vida de la persona que lo sufre. Desde el plano familiar y personal hasta el laboral, incluso lógicamente el social, ya que un grado elevado de hafefobia puede desembocar en el aislamiento de la propia persona.

Los síntomas de la hafefobia

Como otras fobias, la hafefobia tiene una sintomatología trifásica, en función de diferentes planos. Pueden producirse síntomas fisiológicos, cognitivos y, lógicamente, conductuales. En los primeros, como explican desde Healthline, pueden sucederse náuseas, mareos, sensación de ahogo, temblores, urticarias, excesiva sudoración, taquicardias e hiperventilación.

Un perfil físico que se consolida con lo cognitivo, como aclaran también desde el blog Cuerpo y Mente de Mapfre. Dentro del plano cognitivo apuntan diferentes factores. Enumeran «la falta de concentración, bloqueos emocionales, terror, pensamientos de muerte inminente y pensamientos irracionales ante los estímulos fóbicos». Carices que también aclaran a nivel conductual como «el rechazo a tocar o ser tocado, huir de situaciones temidas, huir de las personas o encerrarse en casa».

Disparada su presencia a raíz del distanciamiento social provocado por el covid-19, la hafefobia también puede venir asociada a otras fobias específicas. Es el caso de la agorafobia —o miedo a los espacios abiertos—, pero también a la claustrofobia —miedo a los espacios cerrados—, porque ambos se vinculan a la imposibilidad de escapar.

Dos sectores vulnerables: infancia y tercera edad, y cómo atajarla

Partiendo de que se trata de una fobia y no de un miedo, la hafefobia tiene en menores y en las personas de la tercera edad a dos colectivos muy vulnerables por su aparición. En el caso de los menores, por no comprender muy bien la situación en la que se encuentran —su capacidad de discernimiento no es la misma que la de un adulto— y no entender el porqué de no tocar. Una vez de nuevo en la normalidad, conseguir que el niño comprenda que el contacto es positivo y no entraña peligro es una tarea complicada. Por eso, se recomienda el tratamiento cognitivo y las terapias de exposición para paliarlo.

En el caso de las personas mayores también viene propiciada por una sensación de vulnerabilidad. Como colectivo especialmente maltratado por el covid-19, la tercera edad se ha visto obligada a renunciar a buena parte de sus hábitos y a protegerse más de la cuenta que otras franjas de edad. Esa vulnerabilidad implica también un rechazo al contacto de forma más o menos directo, que puede esconder episodios de hafefobia.

En cualquier caso, la hafefobia, como otras fobias, se diagnostica clínicamente por un especialista, ya sea psicólogo o psiquiatra, y tratarse. Bien sea con tratamiento cognitivo, con terapia de exposición o con técnicas de relajación, todas ellas llevadas de forma paulatina. Se trata de dar pequeños pasos para comprender la irracionalidad del miedo y de cómo funciona la ansiedad que genera. En ese sentido, es fundamental comprender la ansiedad y asumir que, durante la terapia, puede seguir apareciendo, pero que no se conciba como peligrosa.

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