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Cinco maneras de dar sabor al café y renunciar al azúcar

Canela, anís, cacao, cardamomo, cítricos… Renunciar al azúcar es fácil en tu café diario si encuentras alternativas a mano en el especiero

Cinco maneras de dar sabor al café y renunciar al azúcar

Una taza de café y una cafetera con café molido y granos de café. | ©Unsplash.

Buena parte de los desayunos de los españoles comienzan con un café. Sea solo o con leche, más de un 50% de nosotros iniciamos el día con alguna de estas bebidas. Luego dejamos también que sean partícipes las tostadas, la fruta, el embutido o los cereales. Amén de eso, es normal también que los zumos se cuelen en la primera comida del día.

Como es lógico, cuando ponemos en la ecuación a cereales o a zumos, ya sean industriales o exprimidos en casa, estamos dejando un gran protagonismo al azúcar. La batalla de la Organización Mundial de la Salud en esta guerra es clara: tomamos más azúcar del que deberíamos. El problema es que pasa desapercibido o, cuanto menos, con cierto solapamiento.

Nos pasa con el pan de molde, con la repostería industrial y con los zumos procesados, los cuales suelen tener una gran cantidad de azúcar. También pasa en los lácteos, como yogures y batidos, donde es habitual que estos hidratos de carbono también hagan acto de aparición.

Sin embargo, si hablamos de uno de los reyes del azúcar, debemos hablar de cómo tomamos los españoles el café. Aunque nos pese, no tenemos una cultura cafetera demasiado arraigada. A ese nicho se dirige la moda de los café de especialidad, que persiguen cafés de más calidad, más sostenibles y, contrario a lo que pensamos, que no amargan.

Hemos crecido con el mito de que el café debe ser amargo, pero no es así. Amarga porque en su elaboración se elevan las temperaturas durante el tostado, que acaban ofreciendo esos sabores. Motivo también por el que se ha utilizado el torrefacto en abundancia, que no es otra cosa que tostar café con azúcar.

Demasiado azúcar al día

Llevado a la taza, la realidad es que es difícil encontrar un bar, cafetería o restaurante donde no nos acerquen un azucarillo para el café. Costumbre o no, estos sobres suelen contener nada menos que cinco gramos de azúcar, una cantidad altísima si lo comparamos con las directrices de la OMS. Según esta autoridad sanitaria, deberíamos como máximo ingerir un 10% de las calorías diarias provenientes del azúcar libre —el que añadimos a nuestros platos o cafés—.

Traducido al dato puro, hablamos de que un adulto no debería consumir más de 50 gramos de azúcar libre al día. Y si esa cifra se reduce al 5% de la ingesta calórica diaria, mejor, según la OMS. Supondría así tomar 25 gramos entre todas las comidas, teniendo en cuenta no solo el uso como ‘sazonador’ que hacemos del azúcar, sino también de comprobar las etiquetas de nuestra cesta de la compra.

A los yogures y lácteos hay que sumar muchos platos preparados o precocinados, algunos aparentemente inofensivos. Hablamos de salsas como el kétchup, el tomate frito o la salsa barbacoa, amén de cualquier tipo de galleta, chocolate, chuchería bizcocho o pieza de repostería.

Nos plantamos así en un consumo de azúcar que ronda los 100 gramos diarios (duplicando la recomendación de la OMS), como explica AESAN, y por tanto en un problema a medio y largo plazo para nuestra salud. Hipertensión, sobrepeso, obesidad, diabetes, caries… El consumo excesivo de azúcar está muy presente en nuestro día a día y, si hablamos de café, podemos capear su amargura.

Un amargor insospechado e innecesario

Pensar que el café debe ser amargo es un error. Un café puede ser más o menos intenso en aroma, o más o menos potente en boca, que puede reflejar sabores herbáceos o frutales, en un equilibrio entre una ligera acidez y el dulzor. En cualquier caso, el amargor no es una cualidad del café si se ha procesado bien, ya que solo se multiplica al tostar en demasía el grano durante su elaboración.

Con las cosas claras sobre por qué un café no debería ser amargo, y menos si lo maltratamos en una cafetera a altísimas temperaturas, como es habitual, que potenciará esos amargores y dará sensación de ‘requemado’ al café. Para evitarlo, podemos utilizar lógicamente otros edulcorantes como la sacarina, la stevia, el aspartamo o el xilitol. Además, también podríamos usar miel o ciertos siropes, pero seguirá siendo un consumo de azúcares elevado.

Para ello, una buena opción para que nuestros cafés sepan mejor sin que estemos añadiendo azúcar es recurrir a especias.

Cinco maneras de dar sabor al café sin consumir azúcar

El mundo de las especias viene en nuestra ayuda si queremos que los cafés no suban la cantidad de hidratos de carbono de nuestra dieta. Huelga decir que estos recursos valen para cualquier tipo de café, sea normal o sea descafeinado, y para cualquier preparación. Americano, con leche, latte macchiato, doble, solo, espresso, ristretto… Las opciones son casi infinitas y en todas podemos recurrir a estos ‘aderezos’.

No conviene además que sean productos que de por sí eleven la ingesta de hidratos. Sí, una leche condensada dará mucho sabor a un café, pero estaremos añadiendo azúcar y calorías de más a un producto que no lo necesitaría. Sea ya molido, sea en grano o sea de cápsulas, las opciones para alterar el gusto son muchas y muy variadas y además van asociadas a un mundo dulce. Aunque también puedes probar con sal.

Canela

La canela, en rama o molida, es una buena forma de saborizar sin azúcar un café. ©Unsplash.

Pocos postres están completos en nuestra cocina sin la canela. Puede ser la cassia, que es la canela china, o a la de Ceilán —la auténtica canela— que es más aromática y elegante, pero en ambos casos nos vale. Una cucharadita de canela sobre la espuma de un café con leche o ligeramente disuelta en un café solo será una forma espléndida de dar otro toque a nuestro café.

Deja un leve regusto dulce, asociado a esa memoria gustativa de los postres, y la podemos usar tanto en rama como molida. En rama nos puede venir bien para incluso remover el café, aprovechando que deje ese aroma y esa fragancia en la bebida. Si es molida, bastará con espolvorear un poco de canela sobre el café, sentándole especialmente bien a los cafés con leche.

Vainilla

La vainilla de verdad es cara, por eso es habitual que encontremos como sucedáneo a la esencia de vainilla. En este caso, conviene que nos leamos la información nutricional de esta esencia porque realmente es una mezcla, por norma general, de agua, azúcar (o jarabe de glucosa), emulsionantes, algún colorante (caramelo) y aromas. De vainilla, como veréis, suele tener poco.

Por este motivo, la esencia de vainilla no es nuestro aliado para perfumar cafés y renunciar al azúcar. Nuestra aliada sí será la auténtica vaina de vainilla, la cual podemos comprar con bastante facilidad, y extraer su carnoso interior, de textura similar al chocolate, y aprovecharla para disolverla en nuestro café.

Cítricos

Fresca, deshidratada, en zumo o con su piel, los cítricos son otra buena forma de cambiar el sabor de un café. ©Unsplash.

A muchos les puede parecer una osadía, pero hay bastantes ejemplos de café con cítricos en nuestro país. En las Islas Canarias es muy habitual encontrar el barraquito, que además de leche condensada y Licor 43 también incorpora limón o naranja en una rodajita, e incluso con algún detalle de su piel. En cualquier caso, rayar un poco de piel de naranja, de limón o de lima sobre un café le dará otro toque y lo hará muy aromático.

También es común ver, sobre todo en personas dedicadas al mundo del wellness, consumir café solo con un chorrito de zumo de limón para potenciar los efectos antioxidantes de ambos. He de decir que se ha de tener estómago para hacerlo, pero si os gusta, es una buena forma de cambiar el sabor del café sin usar azúcar. Lógicamente, la teoría del café con limón solo es apta para el café solo, ya que si lo mezclamos con leche la acabaría cortando.

Cacao en polvo

Hemos de tener cuidado con el cacao soluble que encontramos en nuestras tiendas. Generalmente son bombas de azúcar —recordad siempre que hay que fijarse en la información nutricional—. Si el azúcar es el primero en la lista de los ingrediente significará que es el primero en cantidad. Una vez que tengamos claro que no hay tanto azúcar en nuestro cacao, podemos proceder a darle algo de marcha al café.

Podemos hacerlo con un cacao ya en polvo o podemos rayar un poco de chocolate sobre el café directamente. El resultado será parecido y nos permitirá prescindir de una parte del azúcar para modificar el sabor sin añadir tantos hidratos de carbono a la mezcla.

Anís

El anís también es una buena forma de alterar el sabor de un café, como el cardamomo o como el clavo. ©Unsplash.

No, no estamos hablando de que cojas la clásica botella de anís y adereces el café al gusto porque estaríamos haciendo un pan como unas tortas. Si añadimos alcohol, añadimos calorías vacías a nuestro día. En este caso, la mejor opción es coger anís estrellado o los clásicos anisetes de infusión y dejar que perfumen el café.

Le va bien tanto a cafés con leche como a cafés solos, por lo que puedes probar a voluntad pero siempre procurando que tenga buena temperatura para que pueda esparcir su aroma. Además, otras especias como el cardamomo, el clavo, la pimienta o la nuez moscada podrían forma parte de estas mezclas con las que dar nueva vida al café de cada día.

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