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Mario Draghi: Supermario arroja la toalla

«En realidad, no es un político para nada. Muy al contrario. Odia el politiqueo, el chalaneo al que la clase política italiana tiene acostumbrado al país»

Mario Draghi: Supermario arroja la toalla

Mario Draghi. | Borut Zivulovic (Reuters)

Mario Draghi (Roma, 1947), el todavía primer ministro italiano, ha decidido arrojar la toalla y presentar la dimisión al presidente Sergio Mattarella. Éste, por el momento, se la ha rechazado y le ha pedido formar una nueva mayoría o gestionar el país hasta la celebración de unas elecciones, que según la ley deberían tener lugar no más tarde de la primavera próxima. Ahora los cálculos apuntan a que los italianos vayan a votar a finales de septiembre o principios de octubre próximos.

Draghi, Supermario como fue bautizado por la prensa internacional cuando salvó la estabilidad del euro en 2012 comprando deuda al frente del Banco Central Europeo (BCE), no es un político al uso. En realidad, no es un político para nada. Muy al contrario. Odia el politiqueo, el chalaneo al que la clase política italiana tiene acostumbrado al país. Su carrera siempre ha estado en la banca. Fue gobernador del Banco de Italia (2005-2011), presidente del BCE (2011-2019), director ejecutivo del Banco Mundial y vicepresidente para Europa de Goldman Sachs, el que fuera cuarto banco de inversiones del mundo. Tal vez el único manchón a su impecable carrera financiera haya sido precisamente el asesoramiento al Gobierno griego para maquillar sus cuentas y su deuda soberana antes de la crisis helena cuando trabajaba en Goldman Sachs.

El todavía jefe de Gobierno italiano goza de un enorme prestigio internacional e incluso también dentro de su propio país. Circula una frase humorística entre la gente, recordando unas palabras del papa Juan XXIII, que recomienda a los italianos no olvidar de dar un beso a sus hijos de parte de Draghi antes de que se vayan a la cama. De hecho, la crisis ha despertado gran preocupación en los mercados y en los líderes de los principales países occidentales. Joe Biden y Emmanuel Macron, con quien tiene una relación muy estrecha (los dos proceden del mundo bancario) le han pedido que no se marche justo en un momento tan delicado como el actual en plena guerra de Ucrania y con la grave amenaza de la crisis energética que se cierne este otoño.

Fue el presidente de la República, Mattarella, quien le llamó hace 17 meses, en plena crisis de la pandemia, para tratar de gobernar un país de por sí ingobernable. Draghi, que no había ocupado antes ningún cargo político, se vio obligado a aceptar tras la segunda crisis del entonces primer ministro Giuseppe Conte y lograr armar una coalición de unidad nacional con todos los grupos, algo jamás visto antes en el país, salvo Fratelli d’Italia (Hermanos de Italia), un partido de extrema derecha que lidera Giorgia Meloni, nacido de una escisión de la Forza Italia de Silvio Berlusconi. Meloni encabeza las encuestas si hoy se celebraran los comicios. Periodista y ministra en uno de los gabinetes de Berlusconi, la líder de Fratelli se identifica con la filosofía de Donald Trump y del dirigente húngaro, Viktor Orban, y tiene excelentes relaciones con Santiago Abascal, el presidente de Vox.

Durante este periodo Draghi ha conseguido rebajar el ruido y hasta homogeneizar una coalición, cuyo principal obstáculo era que hablaba diferentes lenguas interesadas y muchas de ellas no coincidentes con lo que debía ser un gobierno de unidad nacional, con vistas a afrontar la pandemia y gestionar los 200.000 millones de euros -el mayor país receptor- que Italia va a recibir de los fondos europeos por encima de España para salir de la crisis. Conforme el final de la legislatura y el horizonte de las elecciones de 2023 se acercan, el ruido y las divisiones se han ido acrecentando.

La decisión de Supermario de marcharse viene de la amenaza cumplida del Movimiento Cinco Estrellas, que ahora lidera el ex primer ministro Giuseppe Conte, de no refrendar en el Senado un paquete de medidas para luchar contra la inflación, que en estos momentos rebasa el 8%. Conte y su grupo querían que tales medidas fueran más radicales y que en el paquete se incluyera la construcción de una incineradora para destruir los residuos de basura de Roma, una de las ciudades más sucias de Europa. 

El movimiento de los llamados grillini, fundado por el actor Beppe Grillo, fue en su origen un grupo antisistema denunciante de la corrupción rampante que caracterizaba la política italiana. El liderazgo de Grillo fue caótico. Sin embargo, el grupo venció en las pasadas elecciones de 2018 por delante de la Liga de Matteo Salvini. Actualmente es una formación en descomposición. Recuerda a veces el caso de Ciudadanos en España. Su hasta ahora líder, Luigi di Maggio, ministro de Exteriores en la coalición de Draghi, dio un portazo hace un par de semanas tras la guerra de Ucrania y abandonó el partido con una sesentena de diputados después de que los grillini se opusieran a que Italia continúe enviando armamento a la Ucrania de Volodimir Zelensky. 

Numéricamente el gesto de Conte de abandonar la votación de su grupo en el Senado no suponía que Draghi entrara en minoría. Sin embargo, el aún primer ministro consideró tal acción como un gesto político en su contra y decidió presentar el jueves al presidente Mattarella su dimisión, rechazada por el veterano mandatario. Mattarella, un jurista democristiano siciliano, tuvo que aceptar a regañadientes a principios de año seguir más tiempo en el Quirinale en vista de que las fuerzas políticas no supieron encontrar un sucesor. Entre los candidatos, por cierto, figuraba Draghi y nadie descarta que pueda ser presentado a medio plazo para sustituir a Mattarella puesto que su prestigio sigue siendo muy alto.

De momento, el todavía primer ministro viaja estos días a Argelia para negociar con los argelinos un nuevo acuerdo de suministro de gas. Debe presentarse ante el Parlamento, en cumplimiento con lo que le ha pedido el presidente de la República, para someterse a una moción de confianza no más tarde del próximo miércoles. Draghi no quiere nada de eso. Se muestra cansado, irritado con las tradicionales luchas intestinas entre partidos. Se notó en ese aparte tan comentado, enganchado al móvil, antes de la cena en el museo del Prado durante la reciente cumbre de la OTAN mientras el resto de líderes se deleitaban con las obras pictóricas de la pinacoteca española. A preguntas de la prensa declaró con esa mirada anfibia suya que estaba cansado y que no recordaba con quién habló por teléfono. Tal vez Conte le anunciaba lo que días después iba a ocurrir. Afirma con sorna que no necesita agarrarse a ningún cargo político para vivir y que es capaz de encontrar empleo por sí mismo sin necesidad de tener que pedir favores a los partidos. La dimisión de Supermario, además de ser una pésima noticia para Italia y para la UE, coincide con las últimas previsiones económicas de la Comisión Europea. No son buenas para ningún país miembro ni naturalmente tampoco para Italia. La Comisión ha rebajado las estimaciones. El PIB italiano crecerá este año 2,9 y el año próximo un raquítico 0,9. El paro se mantiene en el 8% y la inflación continúa disparada hasta el 8%. El déficit fiscal subió con la pandemia por encima del 7% y la deuda pública (150% del PIB) sigue desbocada. Italia es el país más endeudado de todas las democracias mundiales después de Japón.

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