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Gastronomía

Vinos de albillo mayor, los blancos de la Ribera del Duero

Desde hace años es una de las uvas principales en el reglamento de la denominación al ser la única que admite el Consejo Regulador para hacer blancos

Vinos de albillo mayor, los blancos de la Ribera del Duero

Mesa de selección de uvas de albillo | (Copyright CRDO Ribera del Duero)

Salpicada por algunos de los viñedos tintos de la Ribera del Duero, ha venido participando en la elaboración de vinos rosados y tintos porque se recogían junto a esas uvas negras, aportando frescura en el coupage. Pero desde noviembre de 2019 el reglamento de la Ribera del Duero toma la decisión de admitir la elaboración de blancos al amparo de la denominación siempre que esa albillo mayor (pues hay otra, la albillo real, que se circunscribe a la Sierra de Gredos y tiene un perfil diferente, empezando por ser bastante más aromática) represente como mínimo el 75% en el vino si va acompañada por otras.

Autóctona de esta zona castellana, y parte de la historia vinícola de este territorio, hasta la fecha indicada esta denominación (que este año está celebrando su 40 aniversario) tan sólo admitía tintos y rosados. Es la razón por la que bastantes bodegas de la DO, que venían haciendo desde hace tiempo vinos blancos de albillo, sacaban al mercado estas elaboraciones como vinos de mesa o bajo la Indicación Geográfica Vino de la Tierra de Castilla y León. Una vez modificado el reglamento de la denominación ribereña, desde la añada 2019 los albillos pueden salir a la venta con la contraetiqueta de la denominación Ribera del Duero.

Las tendencias seguro son una de las razones que ha habido tras esta decisión, pues el empujón de los vinos blancos es una realidad, como hemos apuntado en muchas ocasiones. Con el añadido de que la zona dispone de una variedad propia y bodegas que la trabajan hace años. Por tanto, lo de convertirse en variedad principal en la denominación –con el mismo rango que la tinta tempranillo– era cuestión de tiempo. 

En lo que a su elaboración respecta, dado el perfil de uva como bastante ligera en gusto y aromas, es habitual el trabajo con lías o el uso de la crianza en barrica para darle volumen. Eso sí, la participación de la madera exige estar muy medida y controlada porque de otro modo se la puede ‘comer’ dado lo justa que es esta albillo en cuanto a acidez e intensidad aromática. Por este motivo sus mejores aliados están en esas lías, en los recipientes de cemento, en la madera de grandes volúmenes y en los tostados de barrica muy muy ligeros. Y también hay que incidir en que se trata de vinos de limitadísima producción pues no son muchas las cepas existentes, con lo que el cambio de rumbo en el Consejo Regulador supone además que se protejan y/o recuperen las que hay, aparte de animar nuevas plantaciones. De entre los monovarietales de albillo mayor que ya se pueden encontrar en el mercado como blancos de la Ribera del Duero, estos se cuentan entre sus destacados. 

Dominio del Pidio es la segunda bodega de los hermanos Aragón, propietarios de Cillar de Silos (Quintana del Pidio, Burgos). En ella se dedican a hacer vinos procedentes de pequeñas parcelas de viñas viejas (entre 40 y 100 años). Entre ellos el Dominio del Pidio Albillo 2020 (47 € aprox.), con crianza en roble francés (228 y 500 litros) de entre seis y ocho meses sobre lías y previa fermentación alcohólica en cemento. Fragante, con notas de fruta carnosa y recuerdos de flores blancas; jugoso, fresco, equilibrado y largo en el paso. 

Uno de los primeros albillos procedentes de la zona es el Valduero Blanco 2020 (19 €) de Bodegas Valduero, otra firma burgalesa en su caso asentada en Gumiel de Mercado. Procede de albillos de unos 25 años y salen alrededor de 50.000 botellas de cada cosecha. Permanece durante seis meses con lías en acero inoxidable y resulta un vino aromático, con notas de fruta fresca y cítrica, untuoso en la boca, amable, con ligera acidez y un toque amargo en el recorrido que anima a una segunda copa. 

De viñedos de nuevo burgaleses, en Roa de Duero, con 50 años, sobre suelos calcáreos y a 770 metro de altura, la firma López Cristóbal elabora su López Cristóbal Albillo 2020 (17,50 €). Un blanco que ha fermentado en barrica donde después permanece tres meses con sus lías. Intenso, con claras notas tostadas, ahumadas –fruto de ese contacto con la madera – junto a fruta madura y de hueso. Cremoso en boca, donde se reproducen esas sensaciones aromáticas en compañía de una acidez cítrica no molesta. Tiene estructura, equilibrio y persistencia. 

Y de territorio vallisoletano, en concreto desde Pesquera de Duero, el blanco de Dehesa de los Canónigos, procedente de cepas en vaso de más de 80 años localizadas entre su viñedo de tempranillo y por lo que salen poquísimas botellas (menos de mil). Albillo Mayor 2018 (ronda los 25 €) está fermentado en barrica y luego tiene una crianza de 12 meses en roble francés. Al final, un vino largo con notas de fruta de hueso, recuerdos tostados,  flores blancas, hierbas aromáticas y toques cítricos. Boca equilibrada, untuosa, con volumen, frescura ácida y recuerdos minerales. 

Cuatro etiquetas que evidencian la necesidad de la variedad de mostrarse arropada con las lías o a través del empleo de la madera, aunque puede que más adelante el acompañarla con pequeños porcentajes de otras uvas blancas más aromáticas y robustas descubran un buen camino a seguir en el futuro de esta albillo mayor. 

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