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Tormenta ígnea, cuando una tormenta de fuego hace que todo arda en segundos

Al parecer, según informan medios locales, el incendio fue causado por un rayo, pero ¿por qué se extendió tan rápidamente en varias direcciones sin dar tiempo a las víctimas a huir resultando tan devastador y letal?

Tormenta ígnea, cuando una tormenta de fuego hace que todo arda en segundos

La tarde del 17 de junio ha sido, con toda probabilidad, una de las peores de la historia de Portugal. En apenas unas horas, las colinas boscosas de Pedrógão Grande, a 150 kilómetros al norte de Lisboa, fueron destripados por las llamas. Más de 1.500 bomberos, entre ellos varias unidades españolas, están luchando todavía por controlar los incendios que ya han matado a más de 60 personas y herido a decenas que se vieron sorprendidas por el fuego y quedaron atrapadas en sus coches y viviendas sin que nada se pudiera hacer por sus vidas. Al parecer, según informan medios locales, el incendio fue causado por un rayo, pero ¿por qué se extendió tan rápidamente en varias direcciones sin dar tiempo a las víctimas a huir resultando tan devastador y letal?

Según medios locales todo apunta a que lo que se produjo fue una tormenta de fuego o tormenta ígnea, sin embargo, según Pablo Cristobal Mayoral, Jefe de Servicios de Incendios Forestales de Bomberos Comunidad de Madrid, con quien este periódico ha contactado, «es precipitado decir que se trata de una tormenta de este tipo». Este fenómeno sucede cuando un incendio es tan vasto y potente que deja de ser un hecho físico para convertirse en un fenómeno meteorológico. El proceso es tan sencillo como devastador: «Se produce cuando un fuego origina una tormenta», explica Mayoral, y detalla, «Lo que sucede es una acumulación de aire extremadamente caliente en la atmósfera que sube rápidamente y el aire frío que se encuentra al nivel del suelo crea fuerte vientos que avivan las llamas».

Tan inusual como catastrófico, hay que remontarse al 8 de octubre de 1871 para hablar de las tormentas de fuego más letales que se recuerdan. El pueblo de Peshtigo, Winsconsin, estalló en llamas simultáneamente por los cuatro costados en apenas unos segundos. Entre 800 y 1.200 personas, de los 1.700 habitantes, fallecieron. Y ese mismo día, a tan sólo unos 300 kilómetros, la ciudad de Chicago ardía en llamas. Este desastroso incendio duró tres días, arrasó con seis kilómetros cuadrados de la ciudad, y cientos de personas perdieron la vida. La reconstrucción sucedida inmediatamente después de la extinción del fuego, comenzó un proceso que llevó a Chicago a ser una de las ciudades estadounidenses más importantes.

Sin embargo, en los últimos meses el mundo ha tenido que hacer frente a varios fenómenos de este tipo. El último, el pasado enero en Chile, cuando varios incendios forestales arrasaron más de 300.000 hectáreas dejando a su paso una decena de fallecidos. «Aunque son muy difíciles de pronosticar, la columnas de humo, el perfil atmosférico o la altura del fuego nos pueden ayudar a predecir que se puede producir un incendio de tal intensidad», indica Mayoral. «La única solución es extinguirlo cuanto antes», asegura.

A la pregunta de si España está preparada para afrontar algo así, el Jefe de Servicios de Incendios Forestales de Bomberos Comunidad de Madrid, se muestra contundente: «España a nivel mundial es el país más preparado para hacer frente a un incendio forestal, sin embargo, tenemos que seguir preparándonos ya que el efecto invernadero y todos los fenómenos naturales que estamos viviendo en los últimos meses como consecuencia del cambio climático no juegan a nuestro favor», y sentencia: «no podemos ser autocomplacientes».

La Península Ibérica está experimentando un clima inusualmente caliente, con temperaturas en aumento por encima de 40 °C  en algunas regiones. El año pasado, Portugal se vio afectada por una serie de incendios que devastaron más de 100.000 hectáreas de tierra firme. En agosto de 2016, el fuego en la isla de Madeira mató a tres personas, arrasó 40 casas y calcinó 5.400 hectáreas de tierra. Y en 1966, el bosque de Sintra, al oeste de Lisboa, era consumido por las llamas. En él murieron 25 soldados que trataban luchar contra el fuego.

 

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