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Imagine esto en Francia o en Italia

Imagine una dictadura lingüística que provoca que muchos ciudadanos del resto del país no quieran trasladarse a vivir a un territorio

Imagine esto en Francia o en Italia

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), y el de la Generalitat, Pere Aragonés, a su llegada a una reunión, en La Moncloa, a 15 de julio de 2022, en Madrid (España). | Alberto Ortega (EP)

Les propongo un ejercicio de imaginación. Imagine que usted es ciudadano francés o italiano. Y que vive en alguna zona de esos dos países que tiene algún tipo de componente nacionalista o regionalista. Imagine, ya puestos, que cuando lleva a sus hijos al colegio público le informan de que como en la zona se habla también otro idioma oficial, no les van a enseñar nada en francés o en italiano. Que no es que la educación que vayan a recibir sea bilingüe, es que ni siquiera recibirán ninguna asignatura en francés o en italiano. Es más, imagine que le dicen que sus hijos tampoco podrán hablar nada en francés o italiano dentro del recinto escolar, ni siquiera en el recreo o en el comedor. Y que, para hacerlo cumplir, el Gobierno regional en el mejor estilo de una prisión o campo de concentración, ha contratado personas expresamente para vigilar y denunciar a los que lo hagan. Adultos chivatos de niños.

Imagine que usted, padre francés o italiano, no puede creer este ambiente parafascista que suena a distópico. No entiende que se vulnere el uso de la lengua oficial del estado donde vive en un colegio público. Imagine que en ese territorio, para minimizar y acallar las críticas de los que piden que se use la lengua oficial, hay una ley que garantiza que al menos el 25% de las horas lectivas serán en ese idioma. Imagine que tampoco esa ley se cumple y que son las propias autoridades nacionalistas las que obligan o inducen a los colegios a no cumplirla.

Imagine que está harto de que ni el colegio ni las autoridades educativas hagan caso a sus quejas de que no se habla el idioma oficial de toda la nación y uno de los dos oficiales de la zona. Vamos que su idioma no es que sea vehicular, es que es inexistente. Y usted lo denuncia. Imagine que esto provoca que sus hijos y usted mismo son señalados por profesores y por otros padres del colegio. Imagine que, a pesar de todo, usted y muchos otros ciudadanos que quieren lo mismo que usted lo denuncian.

Y que todas las instancias judiciales les dan la razón. Y que a pesar de innumerables sentencias de los tribunales a su favor, sigue sin cumplirse. Imagine que cuando apelan al Gobierno de su nación para que haga cumplir la ley, este, primero calla, luego no lo hace, y finalmente de forma sumisa y humillante a cambio de un puñado de votos en el Congreso, decide reunirse con los que vulneran esos derechos, pero para decir que tienen razón y de una manera cínica, vender plurilingüismo cuando en realidad es un monolingüismo que bajo la excusa de potenciar uno de los idiomas se refuerza la prohibición del uso del idioma oficial de toda la nación en las escuelas. 

Imagine que en Francia o Italia hubiera unos partidos que llevaran décadas haciendo eso. Y que en esa carrera de egoísmo, dinero y victimismo, y controlando el Gobierno regional decidiera saltarse la ley, la democracia y el sentido común, y proclamara la independencia de esa zona. Imagine que esos políticos hubieran sido lógicamente detenidos, juzgados y condenados por el Tribunal Supremo de ese país. Imagine que el Gobierno los indultara al poco tiempo, en contra de todos los informes jurídicos pertinentes.

«Me decía hace poco un amigo que vive en Cataluña que el español no está asediado. Que los que están asediados son las personas que quieren usar el español libremente»

Imagine que vive en Francia o en Italia y que el Gobierno francés o italiano tiene una estabilidad parlamentaria tan débil que depende de los partidos que en sus zonas o territorios están en contra de la unidad nacional, de la soberanía nacional, de la propia Constitución. Imagine que continuamente chantajean al Gobierno central para conseguir privilegios frente al resto del país o de sus planteamientos independentistas que también perjudican a millones de ciudadanos de esas zonas que nos comparten esas ideas. E imagine que ese partido del Ejecutivo no solo lo acepta de forma humillante, sino que además intenta hacer creer a todos que eso es lo más progresista y democrático y acusa de fascista o ultraderecha a todos los críticos.

Imaginen que solo la ley y el estado de derecho garantizan y reconocen, aunque sea de forma muy lenta, los derechos de los ciudadanos en ese territorio que no son independentistas. Imaginen que ese Gobierno central para mantenerse en el poder está dispuesto a ceder también sobre esos derechos fundamentales y bajo la fórmula de «no judicializar la política», lo que está es haciendo es ceder a sus responsabilidades con todos los ciudadanos.

Imagine que de repente la fiscalía y la abogacía del estado, que dependen de ese Gobierno central, renuncian a cosas en las que deberían estar vigilantes y activos para defender la ley y los derechos de todos los ciudadanos. Imagine que la presión política y social sobre los magistrados y jueces que mantienen en pie la ley y ese estado de derecho es cada vez más dura y asfixiante y provoca que muchos pidan el traslado a otras zonas del país o que no haya candidatos a cubrir las vacantes. 

Imagine que esta dictadura lingüística que se produce en esos territorios de los que hablamos de Francia e Italia provoca que muchos ciudadanos del resto del país no quieran trasladarse a vivir a esos territorios donde los ciudadanos no son libres de recibir la educación de sus hijos en el idioma oficial de su país. O que tampoco pueden dirigirse a las administraciones locales en su idioma o rotular sus establecimientos o sus productos solo en su idioma.

Imagine que esto ocurriera en Francia o en Italia. No se lo imagina, ¿verdad? Normal. Ni en ningún otro país del mundo. Bueno en ninguno, no. 

Ahora imagine que es en España. Pues imagine rápido porque a este paso tampoco será España. Me decía hace poco un amigo que vive en Cataluña que el español no está asediado ni en Cataluña, ni en Baleares ni en la Comunidad Valenciana. Que los que están asediados son las personas que quieren usar el español libremente. Que no es lo mismo.

Efectivamente, no es lo mismo. Es solo el principio de algo peor.

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