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Vox se replanteará su estrategia en otoño para intentar frenar el auge del PP en las encuestas

La formación de Santiago Abascal renovará las listas y su propuesta electoral en septiembre, apostando por la agenda ideológica abandonada por los ‘populares’

Vox se replanteará su estrategia en otoño para intentar frenar el auge del PP en las encuestas

El líder de Vox, Santi Abascal, conversa con Iván Espinosa de los Monteros en el Debate sobre el estado de la Nación. | E.P.

Vox ha zanjado el curso político y ya piensa en el próximo. La formación que preside Santiago Abascal vive un momento crítico, de cambio profundo, como consecuencia de los pobres resultados cosechados en las últimas elecciones andaluzas (muy alejados de sus expectativas) y del retroceso en las encuestas motivado por el auge del Partido Popular que lidera Alberto Núñez Feijóo. Desde la madrileña calle de Bambú, sede nacional del partido, entienden que para frenar la expansión del PP deben abundar en un planteamiento duro e ideológico, con un discurso más social. Y este cambio se evidenciará a partir de otoño.

Con el Congreso de los Diputados cerrado por vacaciones, Vox tiene que elegir qué quiere ser de mayor. Esto es, si será el alma liberal-capitalista del partido o la tradicionalista-obrerista la que tendrá un papel protagónico en la vuelta al cole, a finales de septiembre. Será entonces cuando se produzca una renovación de las listas y de la propuesta electoral, que procurará distanciarse sustancialmente del Partido Popular en lo ideológico. Este es un aspecto que no preocupa en exceso a Feijóo, que está en una tecnocratización de su partido en aras de aglutinar al amplio nicho del votante de centro o moderado: desde los liberales decepcionados con Ciudadanos a los socialistas desencantados con la deriva radical del PSOE de Pedro Sánchez.

¿En qué se materializa esto? Pues en hablar de todas aquellas cuestiones olvidadas en los últimos años por los populares, como la «defensa de la vida» en la lucha contra el aborto y el rechazo de la eutanasia, la crítica contundente a las «imposiciones» que derivan de la Agenda 2030 y la insistencia en que la violencia no tiene género. Sin olvidar los problemas de seguridad que acucian a los barrios obreros, como la inseguridad derivada de la inmigración incontrolada, o al mundo del campo, «olvidado» por los sucesivos gobiernos de PSOE y PP. Presentarse, en definitiva, como «la alternativa» al sistema, en palabras de Abascal.

Las encuestas

Las alarmas han sonado en Bambú, sede nacional de Vox, en varias ocasiones durante las últimas semanas. Y eso que se las prometían felices cuando, en febrero, lograron un resultado histórico en Castilla y León que les permitió, por primera vez, acceder a una Administración autonómica. Y más felices aún cuando la crisis interna que dividió al Partido Popular entre los partidarios de Pablo Casado y los de Isabel Díaz Ayuso vaticinó por primera vez un sorpasso de Vox en las encuestas.

Estas dicen una cosa bien distinta apenas medio año después. Y no sólo las que dirigen las empresas demoscópicas privadas. Ya hasta el CIS que dirige el socialista José Félix Tezanos admite que existe una ola de cambio político a nivel nacional que auparía a Alberto Núñez Feijoo a Moncloa en las próximas elecciones generales. En su último barómetro, por primera vez, vaticinó una victoria para el PP con el 30,1% de los votos, casi dos puntos por delante del PSOE (28,2%).

Esta inercia positiva del Partido Popular, que juega en detrimento de Vox, es la que ha acelerado un proceso que llevaba tiempo barruntándose, en especial al calor del éxito que tuvo la campaña de los de Santiago Abascal en Castilla y León, donde con un candidato desconocido lograron conectar con el 17,64% del electorado gracias a un discurso centrado en la defensa del campo.

La prueba del algodón serán las elecciones municipales y autonómicas de 2023, donde los de Abascal pondrán todas sus cartas encima de la mesa. Está en juego, nada más y nada menos, que la posibilidad de entrar o no en la Moncloa meses más tarde. Los prebostes del partido se encuentran ya pensando en los candidatos idóneos para cada enclave, pero el caso de la Comunidad Valenciana es paradigmático. Ahí el mejor posicionado para ser cabeza de lista es David García Gomis, conocido internamente como el diputado obrero por su pasado como peón agrícola.

Paradigmático porque esta apuesta por García Gomis vendría a confirmar el giro lepenista que Vox pretende afianzar en lo suscesivo para distinguirse sustancialmente del Partido Popular. Este consistirá en una apuesta más decidida por lo social, incidiendo en los problemas que acucian a los barrios obreros (inmigración y seguridad) y apostando por un intervencionismo económico similar al que enarbola Marine Le Pen orillando al sector liberal del partido.

Este también se evidencia en la Segunda Cumbre Iberoamericana que ECR-Eurolat (Conservadores y Reformistas Europeos) celebrará los próximos 10 y 11 de octubre en Madrid. Esta estará coordinada por Vox, que se refiere a ella como la «cumbre de patriotas europeos». Ahí estará Giorgia Melloni, líder de Fratelli d’Italia, que ya ha intervenido en varios mítines del partido español. La política italiana, que ya encabeza las encuestas de su país, representa, en puridad, todo lo que Abascal aspira a ser.

Estrategia del PP

El grueso de las cuestiones ideológicas sobra las que oscilará el discurso de Vox son tildadas desde el Partido Popular como «debates estériles» -palabras del propio Alberto Núñez Feijoo-, lo que demuestra que los populares han decidido encomendarse a las propuestas económicas de manera exacerbada, por cuanto consideran que ese es el marco que decantará los próximos comicios. Acaso una revisión del «es la economía, estúpido», que llevó a Bill Clinton a la presidencia de Estados Unidos en 1992.

El Debate Sobre el Estado de la Nación sirvió como un anticipo perfecto. Ahí la portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, Cuca Gamarra, no se refirió al partido a su derecha en toda su alocución. Se centró, en cambio, en criticar al Gobierno de coalición por sus pactos con la extrema izquierda abertzale para configurar la nueva Ley de Memoria Democrática o por sus medidas para frenar la inflación. Pero lo hizo incidiendo a posteriori en que el Partido Popular tiene «la mando tendida» al Ejecutivo para bajar los impuestos: «Si las clases medias y bajas son cada vez más pobres, no puede mantener los impuestos como si no pasara nada».

Santiago Abascal, por otro lado, sí que reprochó al Partido Popular que se centre en los asuntos económicos marginando los ideológicos porque «eso hace avanzar la agenda política de la izquierda». «Creemos que nuestro deber es representar a millones de españoles que saben que la ruina es por el sectarismo que han impuesto los gobernantes que llevan el pin de la Agenda 2030. Siempre se olvidan de los intereses de los españoles», añadió el líder de Vox en una suerte de grito en el desierto que sólo fue replicado por Pedro Sánchez, que sigue confiando en la confrontación con Vox para azuzar el miedo a la «ultraderecha».

El presidente del Gobierno también ha activado la maquinaria electoral. Su reciente remodelación del PSOE, incidiendo en los cargos comunicativos, así como su aumento de 55 millones en el gasto en publicidad institucional previsto para 2022 dejan entrever que los socialistas apostarán por la propaganda para maquillar los malos datos económicos. También por un giro a la izquierda -tildado de «podemización» por el PP- que permita fagocitar al electorado de Unidas Podemos y Yolanda Díaz. Las espadas están en todo lo alto y los partidos ya se preparan para un curso político que determinará el futuro próximo de España.

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