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Miguel Ángel Benedicto

El general invierno espera a Europa

«El general invierno ruso espera a una Europa, unida de momento, a la que esperemos que el frío y la nieve no derroten como a los nazis o Napoleón»

Opinión
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El general invierno espera a Europa

Vladimir Putin. | Zuma Press

Putin espera que la Unión Europea sucumba ante la subida de precios y posibles cortes de energía durante el invierno, igual que la nieve en la batalla de Stalingrado dio la estocada a las tropas de Hitler en su asalto a Rusia.

Cuando llegue el frío, los 27 sentirán todavía más el dolor económico y deberán rascarse el bolsillo para seguir financiando el apoyo militar a Kiev, pero veremos si las opiniones públicas nacionales aguantan el tirón y no salen a protestar en las calles y a tumbar a sus gobiernos en las urnas.

La unidad europea ha sido sorprendente, pero a pocas fechas de que llegue el invierno algunas de las políticas más importantes frente a Moscú muestran sus claroscuros. 

La política energética es la que dominará la agenda política este otoño en Europa. El impacto de la crisis energética en las empresas y hogares europeos es brutal en el séptimo mes de conflicto. El precio de la electricidad ha incrementado 10 veces de promedio en esta última década y el del gas ha tenido un aumento 14 veces mayor, sin que todavía se haya producido el temido corte de suministro total por parte de Rusia.

Los 27 acordaron hace unos meses reducir la demanda de gas en un 15% así como buscar alternativas al suministro. Sin embargo, la crisis es cada vez más aguda y la Comisión Europea ya defiende la reforma del mercado energético cortando el vínculo entre la electricidad y los precios del gas, tal y como venían pidiendo España y Portugal. Alemania, Italia, República Checa y Austria ya se han unido al coro intervencionista para poner un techo a los precios y evitar, en la medida de lo posible, el chantaje de Putin. Los altos precios de la energía han puesto contra las cuerdas a las empresas, que han multiplicado sus costes, y algunas ya se han visto abocadas al cierre. Directivos de empresas y líderes políticos advierten de que esta crisis podría prolongarse durante varios años y por eso abogan por un uso racional de la energía y la puesta en marcha de alternativas. Si no se toman medidas en Europa de manera urgente, no podrá extrañarnos que la solidaridad entre los 27 se rompa y cada uno intente por su cuenta salvar a sus grandes industrias. Los líderes de Alemania, Francia o Italia ya han viajado a Argelia, Senegal o Canadá para buscar alternativas al suministro de gas. 

Alemania, dada su dependencia del gas ruso, es uno de los países más preocupados por esta situación, e intenta acelerar el proceso de interconexión energética en el archipiélago de islas de energía que es la UE. De ahí que el canciller Scholz apoye la construcción del gasoducto MidCat que uniría la península ibérica con Francia y permitiría enviar al norte de Europa tanto el gas que proviene de Argelia como el gas natural licuado (el 30% de toda Europa) que se almacena en las plantas regasificadoras españolas. Madrid incluso «amenaza» con transportarlo a Italia a través del Mediterráneo y junto con Alemania intenta torcer el brazo de Francia que no se muestra por la labor, con excusas como que el proyecto no vale la pena y que tardaría años en estar operativo; pese a que el Gobierno español afirma que podría estar construido en dos o tres meses. Detrás de los pretextos de París se esconde la defensa del interés nacional que tiene la energía nuclear para Francia. El problema de fondo es que, si Berlín no encuentra alternativas al gas ruso, la economía alemana corre el peligro de griparse y con ella la del resto de la UE. 

Además de salvar la economía europea con una política energética común, la UE ha seguido apostando por una mayor cooperación en su política de defensa. El pasado mes de marzo, los 27 aprobaron la puesta en marcha de la Brújula Estratégica, una hoja de ruta de la UE en seguridad y defensa para los próximos 10 años. En ese documento se aumentó el presupuesto para Fondo Europeo de Ayuda a la Paz que ha servido para proporcionar armamento a Kiev por valor estimado de 2.500 millones de euros para hacer frente a la invasión rusa. Asimismo, se pidió un mayor compromiso de gasto conjunto a través del Fondo Europeo de Defensa y una mayor colaboración en la industria de defensa. Sin embargo, no han tardado en aparecer algunas sombras en cuanto a la fabricación del futuro caza europeo porque los dos principales contratistas, Airbus y Dassault, no llegaron a un acuerdo para desarrollar el proyecto, que lleva en marcha desde 2017. La paralización de la fabricación del futuro avión de combate europeo ha llevado a que Alemania compre 35 aviones de combate F-35 estadounidenses para reemplazar su antiguo Tornado, o que el Ejército español esté pensando en comprar los F-35 en lugar de los Eurofighter. La apuesta por el caza estadounidense vuelve a poner en entredicho la cacareada autonomía estratégica europea en defensa. En cuanto a las luces sobre la política de defensa, cabe desatacar el acuerdo al que han llegado los ministros de Defensa para poner en marcha una misión de entrenamiento militar en Ucrania, pese a la oposición inicial de algunos países.

Otra política hacia Moscú en la que hay disputas internas es la política de visados hacia los ciudadanos rusos, en las que los países bálticos y los de Europa del Este, quieren prohibirlos; mientras Alemania y Francia, entre otros, apuestan por endurecer esa política, pero no limitar los permisos de viaje a todos los rusos. 

El otoño se acerca y también los comicios electorales en países como Italia, donde la extrema derecha, más cercana a Putin, lidera las encuestas; o en Suecia, que asumirá la presidencia europea en enero, donde la derecha también estaría por delante de la izquierda en los sondeos y la formación de un gobierno de coalición de uno u otro color no parece fácil.

El general invierno ruso espera a una Europa, unida de momento, a la que esperemos que el frío y la nieve no derroten como ya le sucedió a la Alemania del Tercer Reich o a Napoleón en otros momentos de la historia. 

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