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Pilar Marcos

La crudeza del Tinell... y el embrión de Frankenstein

«El tiempo puede ser el principal aliado en el esfuerzo ilimitado que el PSOE ha decidido desplegar para cobrarse la cabeza de Feijóo como trofeo de esta cacería»

Opinión
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La crudeza del Tinell... y el embrión de Frankenstein

Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero. | Alejandro Martínez Vélez (Europa Press)

Sorprendentemente, o no tanto, pasó completamente desapercibida una preocupada mención que Alberto Núñez Feijóo hizo este agosto sobre el pasado fundacional del PSOE de Pedro Sánchez. En una entrevista con Europa Press, se quejó de la «crudeza enorme» con la que Sánchez mantiene y aplica «el Pacto del Tinell suscrito por el PSOE con [José Luis Rodríguez] Zapatero». Y lleva razón. Con más o menos crudeza, el espíritu de aquel pacto del Tinell no ha abandonado al PSOE que reinventó Zapatero y que Sánchez ha llevado al paroxismo de su Frankenstein.

El paso del tiempo desdibuja los detalles. Fue hace casi 20 años. Hoy, cuando Sánchez ha decretado que el máximo trofeo para esta temporada de caza es la cabeza de Feijóo, es buen momento para echar atrás el calendario hasta el otoño-invierno de 2003-2004. El Pacto del Tinell, además, es la punta central de un tridente fraguado en aquel otoño y que permitió, una década después, urdir el Frankenstein de Sánchez

Primero, la memoria. Democrática, por supuesto.

Acto central: 14 de diciembre de 2003. Terminaba el año y los preparativos de la Navidad restaron relevancia a las dos páginas del Anexo al Pacto del Tinell que firmó el PSC de Pascual Maragall con sus socios de ERC (con Josep Lluis Carod-Rovira, flamante conseller en cap de su tripartito) e Iniciativa (ICV-EUiA, una suerte de precursor de las confluencias de Podemos). En principio, el Tinell era solo el pacto de gobierno tripartito con el que Maragall logró arrebatar el poder a CiU en Cataluña. Pero el Anexo –‘Criterios sobre actuación política general’- cruzaba el Ebro para definir cuál debía ser la política socialista en toda España.

Las dos páginas del Anexo se pueden leer con una búsqueda rápida en Internet. Ahí va un párrafo, a modo de resumen: 

«Los partidos firmantes se comprometen a impedir la presencia del PP en el Gobierno del Estado, y renuncian a establecer [con el PP] pactos de gobierno y pactos parlamentarios estables en las Cámaras estatales». 

Hay más detalles de ese Anexo que Sánchez ha honrado con una entrega que Zapatero sólo soñó. Por ejemplo, «el compromiso de dejar sin efecto el conjunto de normas contrarias a la plurinacionalidad, de cualquier rango, aprobadas durante el periodo gobernado por el PP». O el acuerdo para «el establecimiento de un nuevo marco legal donde se reconozca y se desarrolle el carácter plurinacional, pluricultural y plurilingüístico del Estado». O, para que-nadie-quede-atrás, el aviso de que las decisiones del Govern «recibirán el apoyo explícito de sus representantes en el resto de las instituciones (Congreso, Senado, Parlamento Europeo) si son objeto de votación o debate».

Acto preparatorio: 12 de noviembre de 2003. El antecedente en el tridente del Tinell se produjo durante la campaña electoral catalana de aquel otoño. El protagonista es, otra vez, Zapatero. Dirigiéndose a Maragall, proclama: «Apoyaré la reforma del Estatuto de Cataluña que apruebe el Parlamento de Cataluña». Aún colea el impacto de las inconstitucionalidades que rebosaban en aquella reforma estatutaria. 

Acto (estrambote) final: 4 enero de 2004. El flamante conseller en cap del Govern de Maragall, en una jornada en la que quedó como presidente en funciones de la Generalitat, viaja a Perpignan para reunirse en secreto con Mikel Antza y Josu Ternera, jefes de la banda terrorista ETA. Los españoles supieron que se había producido la reunión secreta de Carod-Rovira por una noticia que publicó en su portada el diario ABC ya avanzado enero (el día 26). El contenido de la reunión lo contó ETA en febrero (el día 18). En uno de sus célebres comunicados, desveló que había acordado con el número dos del Govern no matar en Cataluña; pero solo en Cataluña.

¡Pues ya estamos todos! El Tinell, es decir, el acuerdo de no pactar nada estable con el PP y de (intentar) impedir que gobierne en España, flanqueado de plurinacionalidades, reformas legales inconstitucionales y acuerdos vitales con ETA. 

La victoria de Zapatero en 2004 y 2008 y su abrupta salida en 2011 al prever su propia derrota le hicieron innecesario desarrollar en toda su dimensión el eje central del tridente del Tinell: el PP estaba en la oposición; sin más. Sí desarrolló prolijamente los aledaños: los otros dos dientes del tridente

«El tridente del Tinell contiene todos los elementos que permitieron forjar la mayoría Frankenstein que hoy gobierna España»

La exhibición de la crudeza del diente central del Tinell hubo de esperar al espectáculo del «No es no, ¿qué parte del ‘no’ no ha entendido usted?» con el que Sánchez nos martilleó desde las elecciones de 2015 hasta octubre de 2016, cuando el PSOE le destituyó para permitir (in extremis) la investidura de Mariano Rajoy a finales de aquel año. Con el paréntesis de la gestora, el PSOE ha cumplido con el espíritu del Tinell desde su firma. Más Sánchez que Zapatero porque el tridente del Tinell contiene todos los elementos que permitieron forjar la mayoría Frankenstein que hoy gobierna España. En realidad, ese tridente es un embrión del Frankenstein que padecemos.

Lo que ha ido variando con los años es el método para cumplir el mandato del Tinell. Es decir, van cambiando las vías para honrar el compromiso de intentar evitar que el PP gobierne y de renunciar a cualquier pacto estable y relevante con la derecha… con el añadido burlón de señalar al excluido como culpable de la imposibilidad de acuerdo: «¡Serán negacionistas!».

La fórmula estrenada este agosto es la de fuego a discreción contra Feijóo. Es una fórmula reciclada -y fracasada- que el PSOE utilizó a mansalva contra Isabel Díaz Ayuso. ¿Por qué el reciclaje de un fracaso? Quizá porque la memoria es frágil y solo atiende al último fiasco: la vía utilizada en Andalucía contra Juanma Moreno se transformó en un boomerang que benefició -mucho- al PP. En Andalucía, posiblemente debido a la previsión de un buen resultado para Moreno a bastante distancia de la mayoría absoluta, la fórmula fue la demonización de Vox, para después señalar cualquier pacto como demostración de que el PP está a las órdenes del partido de Santiago Abascal. Es indiscutible que, como en Castilla y León, el PSOE habría rechazado cualquier oferta de acuerdo de gobernabilidad con el PP de Moreno. De Moreno o de quien sea.

Alertar contra Vox  pretendía alejar al votante moderado (que quizá alguna vez votó socialista) de la papeleta del PP por la vía de empaquetar como un peligro conjunto a los dos partidos. Consiguió el efecto contrario. Más de un votante alguna vez socialista debió pensar: «Para que el PP no tenga que gobernar con Vox, votemos a Juanma, que es muy moderado». 

Por eso ahora toca recuperar la primera fórmula. La que fracasó contra Ayuso. El fuego graneado contra Feijóo. ¿No tienen una tercera fórmula? Quizá no. O, también quizá, los ideólogos socialistas estén pensando que Feijóo se parece poco a Ayuso y mucho a Moreno. O que lo que les falló contra Ayuso es que debieron atacarla aún más, o durante más tiempo, o con (todavía) más (y más insistente) colaboracionismo (digamos) diverso. O, simplemente, todo se explica si la destrucción es su única habilidad política

Queda mucho tiempo hasta las elecciones. Y ese tiempo puede ser el principal aliado en el esfuerzo ilimitado que el PSOE ha decidido desplegar para cobrarse la cabeza de Feijóo como trofeo de esta última cacería. No hay que descartar que pueda ayudarles el paso de los meses porque -como dicen que decía el inteligente, y malvado, Giulio Andreotti- «el poder desgasta… a quien no lo tiene».

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