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Rebeca Argudo

Poca opinión para tanta opinión

«No sé si hay demasiada opinión en los medios y cada vez menos información; quizá lo que hay es demasiada gente leyendo opiniones mientras cree que se informa»

Opinión
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Poca opinión para tanta opinión

El escritor y periodista Francisco Umbral. | Archivo

Me pregunto si no habrá demasiada opinión en los medios. Y me lo pregunto desde una columna de opinión, qué cuajo, lo que en este momento debe convertirme en una incauta, pues es algo así como ponerme palos en las ruedas a mí misma, como escupir hacia arriba. Como hacer algo parecido a una autocrítica, con lo poco de moda que está esto. Porque, no nos engañemos, si empiezo así esta columna es que no voy a decir nada bueno. O nada demasiado bueno, al menos. No me gustaría, además, contestar yo a la pregunta con la que empiezo esta pieza porque podría condicionar su percepción, la suya propia e individual, así que sugiero que antes de seguir leyendo, si no son lectores habituales de prensa y ya llevan el trabajo hecho, se den una vuelta por los diferentes medios, tanto los tradicionales como los que ya nacieron únicamente en formato digital. Cuando vuelvan, abrumados presiento, aquí les espero. 

Decía que me pregunto si no habrá demasiada opinión y cada vez menos información, pero quizá lo que pasa es que hay demasiada gente leyendo opiniones mientras piensa que se informa. A mí me gusta la opinión, disculpen el vayapordelantismo, y no podría prescindir de algunos de mis opinólogos favoritos. Les necesito sobre todo en el disenso. Pero, se lo comentaba hace poco a uno de ellos precisamente, empieza a parecerme exótica y atractiva, por inusual, la gente que no tiene columna de opinión. También es verdad (y esto es solo mi opinión, guiño, guiño) que creo que confundimos el columnismo (el de verdad, el premium, el pata negra) con el análisis. A veces incluso con la gracia y el salero. Me parecen interesantísimos y acertadísimos los artículos de economistas, filósofos, politólogos y escritores, por poner un ejemplo, sobre ciertos asuntos económicos, filosóficos, políticos y culturales. No solo me parecen interesantísimos y acertadísimos, sino imprescindibles. Porque no todos tenemos esos vastos entendimientos sobre áreas concretas del conocimiento y sus explicaciones nos facilitan la comprensión de la actualidad y de nuestra realidad social. Es, por así decirlo, como que nos den la enciclopedia abierta por la página que toca, marcados los párrafos fundamentales y un té con pastas. Un lujo y un ahorro de tiempo, porque en lugar de googlear, cribar los resultados, seleccionar el más atinado y asegurar la solvencia del experto en cuestión, todo eso viene dado. Ya han hecho el trabajo por usted.

«La columna de opinión es que alguien exponga su preciso y meditado parecer sobre un tema»

Pero la columna de opinión, ay amigo, eso es otra cosa. Parecerá una obviedad pero la columna de opinión es, precisamente, que alguien exponga su preciso y meditado parecer sobre un tema. Y, al otro lado, que el receptor acoja una firma en la que confía, porque gusta de su modo de narrar, porque le hará reflexionar, ver las cosas desde otra perspectiva, cuestionará sus convicciones, revelará sus prejuicios… Quizá no todo a la vez siempre, pero siempre algo. La columna de opinión debería ser la pequeña píldora, entretenida y nutritiva, que sin caer en exceso ni en la información ni en la literatura no pierde de vista, sin embargo, a ninguna de las dos, trasladándonos la percepción singular de alguien sobre un hecho concreto, el que sea. Yo de estas, sinceramente, me encuentro pocas.

Como lectora de prensa diaria, de las de afición y devoción, abstracción hecha de mi profesión, me interesa cada vez menos la opinión. Con honrosas y adoradas excepciones. Precisamente las que beben de aquel columnismo clásico, aquel que Umbral diseccionaba con precisa taxonomía, me lo recordaba el otro día mi querido Enrique García-Máiquez (y con esto agoto mi derecho a dos citas por columna): «Hay que sacrificar un ensayo, un soneto y una noticia. Si deriva hacia el ensayo es una pesadez, es un coñazo y no se puede publicar. Si deriva hacia el lirismo será un soneto malo en prosa y largo. Y si es la mera noticia será la agencia Efe. Esas cosas tiene que contenerlas: tiene que haber información, tiene que haber ideas y tiene que haber un cierto toque de lirismo, pero hay que sacrificar todas esas cosas».

Y a veces, como hoy (será el calor), me pongo nostálgica y las echo de menos.

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