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Anna Grau

El Hundimiento de Alba Vergés, en Netflix

«La actual presidenta en funciones del Parlament recibe un tratamiento que para sí lo habría querido Vivien Leigh durante el rodaje de ‘Lo que el viento se llevó’»

Opinión
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El Hundimiento de Alba Vergés, en Netflix

La exconsellera de Salud de la Generalitat y actual vicepresidenta primera del Parlament, Alba Vergés | Kike Rincón (Europa Press)

Atónitos, boquiabiertos, despatarrados y con cara de…¿tontos? Así nos hemos quedado bastantes espectadores del documental recientemente estrenado por Netflix que pretende ser un relato intimista de la gestión de la pandemia de covid-19 por parte de la Generalitat. Se titula Broken Health, que se supone que pretende ser un juego de palabras en inglés entre «corazón roto» y «salud rota», pero por las mismas podría llamarse Alba Vergés Story. La exconsellera republicana de ERC y actual presidenta en funciones del Parlament en sustitución de la imputada y suspendida Laura Borràs recibe un tratamiento que para sí lo habría querido Vivien Leigh durante el rodaje de Lo que el viento se llevó.

Rodado en 2020, es decir, en pleno confinamiento, es decir, con alevosía de dejar constancia «triunfal» -son palabras de ellos mismos, inmortalizadas en el documental- de aquella gestión sanitaria inenarrable, lo primero que hay que decir es que la factura técnica es buena. No se han escatimado recursos materiales ni humanos. Producido por Icon Internacional y dirigido por Nick Bolger y Eva Niñerola, atención a cómo presume esta última de su trabajo impagable. Impagable en el sentido de que miedito da preguntar cuánto ha cobrado, y de quién: quiero creer que de ERC y no de la Generalitat, pero por si acaso, no les quepa ninguna duda de que lo preguntaremos formalmente en el Parlament.

Y describe así la directora del documental lo perseguido y conseguido por el mismo:

El pasado 30 de junio se estrenó en Netflix el documental Broken Health que he codirigido con Nick Bolger. Se trata de un documental observacional que se rodó y editó durante la primera fase de la pandemia y que muestra la gestión de Alba Vergés al frente de la Conselleria de Salut de Cataluña.

 El documental cuenta con diferentes visiones, de profesionales y familias, afectados por el severo confinamiento, entre los cuales se halla el presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra, y el científico Oriol Mitjá, este último no siempre de acuerdo con las medidas públicas adoptadas por el Govern.

El valor del documental es mostrar un momento excepcional de la historia y en ningún caso es un documental realizado con fines políticos. Queríamos transmitir un hecho excepcional que se vivió a nivel mundial con una mirada local, plasmar qué pasaba a nivel de gestión política y humana en esos momentos de caos e incertidumbre. Y éste creo que es el principal valor del documental: ver las calles vacías, las tres personas de la consellería actualizando datos con un papel y un boli, la primera vez que se introduce el término «nueva normalidad», la incertidumbre sobre cómo actuar…

Agradecer a Netflix la valentía por apostar por un documental hecho en un 80% en catalán y a todo el equipo por hacer posible esta pieza documental llevada a cabo con grandes dificultades de producción durante unos meses muy duros de confinamiento y pérdida de libertades.

«Pretender que un documental así «no tiene fines políticos» viene a ser como decir que Putin ha mandado sus tropas a Ucrania a hacer turismo»

Varios comentarios. Pretender que un documental así «no tiene fines políticos» viene a ser como decir que Putin ha mandado sus tropas a Ucrania a hacer turismo. Precisamente el grueso del metraje nos muestra a Alba Vergés reunida con sus asesores en Sanitat, discutiendo cómo y cuándo comunicar el creciente desastre que tienen entre manos, sin cortarse un pelo de criticar a «Madrid» cada vez que allí toman medidas «recentralizadoras», quejándose sin rebozo del nombramiento de Oriol Mitjà directamente por Quim Torra como asesor, al que Vergés y los suyos deciden «conllevar», qué remedio, sin por ello dejar de considerarle un «puto divo» ni de tomar nota de que les conviene marcar más paquete que nunca para que nadie tenga ninguna duda de quién «lidera» la gestión de esa crisis. Como si hubiera en ese liderazgo algo de lo que presumir.

Ni rastro de las tensiones con otros departamentos de la Generalitat ni con el mismo Quim Torra, que trató de cesar a Vergés. Ni rastro, significativamente, de las críticas al Govern de Oriol Mitjà (posteriores a perder la condición de asesor aúlico, todo hay que decirlo), ni rastro, más significativamente aún, de Josep Maria Argimon, que mucho antes de sustituir a Vergés como nuevo responsable de la Sanidad catalana, la auxilió y asistió y probablemente evitó que cometiera muchos más errores todavía. No ciertamente el de retrasar adrede la vacunación de policías nacionales y guardias civiles. Ese error sí lo cometieron juntos.

Ni rastro del verdadero drama vivido en las residencias de mayores, con decisiones políticas terribles de consecuencias pavorosas, que los tres partidos monoteístas del Parlament (Junts, ERC y PSC) han bloqueado que se investigue debidamente, o por lo menos en una comisión parlamentaria de investigación. El documental despacha el tema atribuyéndole a Vergés una especial sensibilidad por el mero hecho de haber trabajado (de administrativa) en una residencia de mayores de su pueblo, Igualada, antes de meterse en política.

«Como hayan gastado en ello un solo euro de dinero público, la vamos a montar bien montada en el Parlament»

Los guiños a la esfera privada de la exconsellera, tópicos y superficiales, distan mucho de justificar o por lo menos distraer de la falta de rigor del enfoque político. Esto no es la película El Hundimiento, no es una mirada estrictamente personal a los últimos días de Hitler en su búnker, aunque por momentos lo pueda recordar. Es un publirreportaje en toda regla, un publirreportaje que encima pretende tener final feliz, un publirreportaje de una obscenidad tal, que ya digo que espero y deseo que por lo menos se haya financiado privadamente con cargo a las arcas de ERC. Como hayan gastado en ello un solo euro de dinero público (igual que se inflaron a pagar Polònies, el carísimo espacio de sátira política producido desde hace años por Minoria Absoluta para TV3, con dinero de los fondos europeos para la covid), la vamos a montar bien montada en el Parlament, de eso les doy mi palabra.

A la espera de aclarar este punto, y de constatar cómo las insistentes demandas de la Generalitat a abrirle hueco al catalán en Netflix no eran sólo una cuestión lingüística, eran también y sobre todo el inicio del desembarco allí de una serie de productoras y de producciones amigas (será que TV3 ya se les queda pequeña…), no puedo dejar de preguntarme, con algo de perverso regocijo, cómo va a caer semejante estreno mundial en este preciso momento entre las filas de Junts, más ahora que Vergés, como recordábamos, encima usurpa interinamente la presidencia del Parlament arrebatada a Laura Borràs. Miren, igual ahí hay materia para otro documental.

Pero sobre todo me pregunto qué van a pensar los deudos de los más de 20.000 fallecidos en Cataluña por la covid. Unos 9.000 sólo en las residencias de mayores. Igual se tenían que haber esperado 50 años, como la ley de Secretos Oficiales, para exhibir este documental sin ofender ni herir a nadie.

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