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Carlos Mayoral

La persecución del hablante español en Cataluña

«La Generalitat va a poner a pasear por el patio a un fulano para que vigile por el correcto uso del catalán»

Opinión
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La persecución del hablante español en Cataluña

Manifestación por el catalán en la escuela. | Europa Press

Leo en los periódicos que la Generalitat ha tomado una decisión de concordia, uno de esos movimientos que persiguen la fraternidad y el compañerismo en el entorno social catalán: ha mandado nombrar un «coordinador lingüístico» en las escuelas, esto es, que van a poner a pasear por el patio a un fulano para que vigile por el correcto uso del catalán, lo que conlleva en su delirante mentalidad que vigile también el silenciamiento del hablante español. Así que, aprovechando el nicho legal que se abre mientras el Constitucional se pronuncia sobre la necesidad de impartir el 25% de las clases en castellano, ahí tendremos al chivato, caminando por los pasillos como los peripatéticos por Grecia, pero sin dignidad.

Así que no es difícil construir la escena. Paco, el chivato, eleva la vista por la escuela, los brazos cruzados a la espalda. Se imagina cómo una de esas extremidades porta el brazalete Waffen SS, como los compañeros vigilantes en Mauthausen. Contundente, Paco, que no se escape ningún niño, le dijo el jefe de estudios ayer con el café recién hecho. Si algún chaval vocea en la lengua de Nebrija, entonces maneja una porra también imaginaria, a lo Tom Hanks en La Milla Verde, y se encarga de condenar al muchacho a esa silla eléctrica simbólica que es el despacho del director. Se marcha a casa satisfecho, quizás con dolor en las partes pudendas, por no salirse del papel de Hanks.

«Su ojo, como el de Orwell, llega a todas partes. Tanto da si un niño o una niña marca un gol y grita castellanísimo «¡golazo!» con ese fonema fricativo en la zeta bien marcado»

Su ojo, como el de Orwell, llega a todas partes. Tanto da si un niño o una niña marca un gol y grita castellanísimo «¡golazo!» con ese fonema fricativo en la zeta bien marcado, en vez del preceptivo «golàs», con ese acento grave que no existe en idioma español, como debe ser, pues hay que diferenciarse de ellos en las tildes y en el jamón, Paco. Si por lo que sea, además, lo celebra como Cristiano Ronaldo, doble penitencia: obliguémosle a ver vídeos de Stoichkov a lo La Naranja Mecánica hasta que el «visca el Barça» le salga por las orejas. Condena similar si ese niño o niña es pillado o pillada viendo vídeos del último influencer español en Tik Tok. Ración doble de TV3 cuando el sol se ponga, no vaya a liberarse del yugo de nuestra maravillosa lengua.

Y, en clase, ¿qué decir de lo que ocurre en clase? Hay que vigilar bien que no se pasee un Cervantes por Alcalá, no sea que se crucen Quevedo y Góngora por Huertas. Cuidado con un teorema de Pitágoras, no se escape una hipotenusa en castellano, palabra que se escribe igual que en catalán, pero el ojo avizor del chivato sabe distinguir muy bien la voluntad del hablante, que no es la misma aun en igualdad de grafemas. Hay que ver la salsa de la vida, se dice el chivato cuando cada mañana se viste para ir al colegio, qué sería de mí sin esta falsa sensación de superioridad.

Siento si a alguien le molesta la jocosidad de este texto, pero qué puede hacer este plumilla más que tomarse con tono chistoso este esperpento que cada día se supera en hilaridad. Son conscientes estos párrafos de que lo risible en ellos es drama en la realidad, y que las familias que sufren estas prácticas andan muy lejos del regocijo y las chanzas. Espero que algún día el mundo vea a estos caballeros como son: meros polichinelas que salen a las tablas con toda la solemnidad del mundo, pero que a ojos del público real, no del que ellos mismos proyectan, son figuras chuscas, objetos de befa, de burla, tristes figuras que encuentran en su fanatismo un lugar en el que hozar. Un vómito que llena, mal que nos pese, el vacío de su mediocridad vital.

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