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Ignacio Ruiz-Jarabo

¿Y por qué no creo yo en Pedro Sánchez?

«La ‘Sanchezería’ es una amalgama de felices subvencionados, estómagos agradecidos y voluntades bien pagadas»

Opinión
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¿Y por qué no creo yo en Pedro Sánchez?

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. | Europa Press

Ciertamente, después de escuchar a los socialistas cobijados en el Gobierno o en la dirección del PSOE, beber lo que se dice en los muchos medios de comunicación sanchistas y atender a la multitud de comunicadores afines a Pedro Sánchez, tengo que pellizcarme para poder cerciorarme de que no estoy soñando. ¿Cómo es posible que entre ellos y yo haya un abismo tan grande? Una de dos: o debido a mi edad he perdido la más elemental capacidad de raciocinio -cuestión que no es descartable- o la Sanchezería es una amalgama de felices subvencionados, estómagos agradecidos y voluntades bien pagadas. No hay más opciones.

Yo empecé a conocer al Sánchez político cuando tras ganar unas primarias del PSOE a una víctima del terrorismo, se encastilló en el célebre «no es no» y preguntaba a Rajoy que es lo que no entendía de tan profunda afirmación. Ahora, escucho a diario cómo tiene la desvergüenza de llamar negacionista a la oposición, calificativo que repiten cual robots todos los de la Sanchezería. No son pocas las flagrantes contradicciones del tamaño de la anterior en la que ha incurrido el personaje, siendo la más célebre la de declarar primero que no podría conciliar el sueño si Pablo Iglesias estuviera en el Gobierno y pactar después su designación como vicepresidente del Consejo de Ministros.

Con todo, son las decisiones y las declaraciones económicas de Sánchez las que me plantean más dudas. ¿De verdad que está en una cruzada contra los poderosos? ¿De verdad que su única intención es ayudar a los más vulnerables? Estas y otras preguntas me hago intentando interpretar sus actos. Veamos, cuando ordenó a la SEPI rescatar con recursos públicos a la compañía Plus Ultra pese a que ésta incumplía todos los requisitos exigidos para ser rescatada ¿eran los socios de la citada mercantil los más vulnerables? ¿Éramos los poderosos los que criticábamos el mal uso del dinero de todos? Otra cuestión: cuando otra vez ordena a la SEPI ayudar al nuevo mandamás del grupo Prisa a hacerse con el control de Indra, ¿era este financiero el más vulnerable? ¿Éramos los poderosos los que criticamos las extrañas alianzas del grupo empresarial público? 

También me provocan desazón las decisiones de Sánchez en el ámbito tributario. Por ejemplo, ante su utilización de la inflación como impuesto para gravar al conjunto de las familias españolas al no deflactar el IRPF engrosando así de modo más que peculiar los ingresos del Fisco, me hago las obligadas preguntas: ¿Es de verdad el Fisco el más vulnerable? ¿Son los millones de familias españolas los poderosos contra los que lucha Sánchez? ¿Lo son los consumidores de bebidas azucaradas cuya tributación se ha visto aumentada? ¿Lo son los que firman contratos de seguros cuyo gravamen también ha crecido? ¿Lo son los madrileños que van a heredar a sus padres a los que Sánchez quiere quitar la bonificación acordada por el Gobierno de Madrid? ¿Son todos estos los poderosos contra los que lucha Sánchez?

«Luego están las previsiones económicas del Gobierno de Sánchez que, como es objetivamente cierto y estadísticamente demostrable, fallan más que una escopeta de feria»

Luego están las previsiones económicas del Gobierno de Sánchez que, como es objetivamente cierto y estadísticamente demostrable, fallan más que una escopeta de feria. ¿En qué beneficia a los más vulnerables que la Calviño no acierte nunca con el crecimiento del PIB? ¿En qué les beneficia que a los pocos días de haber declarado la citada vice que nuestra inflación no llegaría a los dos dígitos, el aumento interanual de l IPC llegara al 10,2%? Y, ¿en qué perjudica en particular a los más poderosos los reiterados errores de previsión de la ínclita «vice nada»? 

También previó -y prometió- Sánchez hace un año que antes de transcurridos doce meses, por lo tanto ahora, Extremadura tendría AVE. Como ha visto España entera para vergüenza -cuando no, desvergüenza- de Fernández Vara, tampoco se ha cumplido esta previsión/promesa de Sánchez ¿Cómo beneficia a los más vulnerables este nuevo incumplimiento? 

Llámenme engreído, pero considero que la contundencia de lo expuesto -en absoluto compartido por los sanchezeros– permite desechar como opción que mi racionalidad esté perjudicada, conclusión que me conduce a la otra alternativa enunciada: que la Sanchezería no sea sino una claque bien orquestada y mejor retribuida. Pero quizás exista otra y es que, sin saberlo, yo sea uno de los poderosos y por eso no crea en Sánchez y en la histórica labor que está desarrollando en favor de los más vulnerables y en contra de los poderosos. En ese caso, tendrían razón los sanchezeros, está bien utilizar los recursos públicos en favor de los amiguetes de Sánchez, está bien subir los impuestos a las familias, está bien que el fisco se enriquezca a costa de la inflación que castiga a las familias, está bien hacer previsiones fantasmagóricas irreales y está bien hacer promesas para incumplirlas. Y los poderosos, como yo, que estamos contra la Historia nos merecemos un castigo ejemplar. Que no manden copiar cien veces en la pizarra el Manual de Resistencia.

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