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Pilar Marcos

Lilith y la cal viva

Este alarde pirómano de Podemos aún no interesa (explicitarlo) ni al PSOE ni a sus socios separatistas porque todos ellos sí tienen la implantación territorial de la que carece Iglesias

Opinión
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Lilith y la cal viva

Lilith Verstrynge, la nueva secretaria de Estado de la Agenda 2030. | EFE

Ya sabemos que Lilith tiene 29 años; que desprecia la meritocracia (como es lógico y comprensible, después de escucharla); que sus habilidades discursivas, e insuperable capacidad de enervar al auditorio, quedaron plasmadas para la posteridad en su célebre vídeo de ‘España, mañana, será republicana… mañana… republicana’. También sabemos que es hija de Jorge Verstrynge y que papá la envió a estudiar a La Sorbona. Y el viernes fuimos informados de que la sororidad-compartida que ostenta el mandato-vicario de Pablo Iglesias en Podemos ha decidido elevarla a secretaria de Estado de la Agenda 2030, en sustitución del secretario general del Partido Comunista de España (PCE), Enrique Santiago. ¡Ahí es nada!

El modelo Incitatus para la designación de cargos políticos de confianza es tan viejo como Calígula (su mentor), pero la sustitución de Enrique Santiago por Lilith Verstgrynge ofrece muchos más mensajes, todos ellos del máximo interés sobre la degeneración política que padecemos.

Hay incluso algún mensaje positivo. Lo es la exhibición de completo desprecio de la Agenda 2030 por parte de sus presuntos adalides. Haber hecho recaer la tarea en el ya cesado jefe del PCE era un primer indicador de desprecio: Enrique Santiago tenía (y tiene) muchos y mucho más relevantes asuntos de los que ocuparse, y la secretaría de Estado le servía para asegurarse un sueldo estupendo. ¡Ya! Encargársela a la autora de la insuperable proclama «Toda esta cultura del esfuerzo y la meritocracia es lo que genera esa fatiga estructural y toda esa epidemia de ansiedad», eleva la exhibición de completo desprecio a la infinita potencia (… al menos, a la potencia 2030). De momento, garantiza que la nueva secretaria de Estado ni se fatigará ni esforzará en su juvenil alto cargo. Casi mejor, Lilith. 

Pero esto es solo la espuma de las olas. Como es espuma que Podemos diera plantón a Santiago en su última comparecencia parlamentaria como el secretario de Estado que ya no es. Ocurrió el 27 de junio en Comisión Mixta; se celebró en el Senado, y el plantón podémico tomó la apariencia de indisposición por motivos de salud. Y eso, ¿a quién le importa? A nadie.

Lo que no es espuma es el momento elegido por la sororidad compartida con mandato vicario en Podemos para hacer pública la destitución de Santiago y ascenso de Verstrynge. Ahí hay mensaje y destinatarios. Y Yolanda Díaz no es la diana principal.

La política española sigue estancada en un inacabable 2016

La víspera del taxidérmico Comité Federal con el que Pedro Sánchez pretendía trasladar la imagen de que su vaciado PSOE tiene aún opciones de ser un partido ganador con él como indiscutido líder, su exvicepresidente Iglesias le lanzó a Lilith como mensaje de cal viva. ¿De cal viva? Sí, y Sánchez lo ha entendido porque, para demasiadas cosas, la política española sigue estancada en un inacabable 2016

Fue en marzo de aquel 2016 cuando Sánchez soñó con ser investido por un Frankenstein bien disimulado. Las elecciones de diciembre de 2015 habían dejado un Parlamento excepcionalmente fragmentado, con el bipartidismo en su mínimo histórico y con dos pujantes nuevos partidos: Ciudadanos y Podemos. Con ambos pretendía Sánchez ser presidente del Gobierno. Para facilitarlo había impulsado a Patxi López como presidente del Congreso. Acudió a la investidura con un acuerdo firmado con Albert Rivera bajo el brazo, que elevaba sus entonces 90 diputados a 130 (con los 40 de C’s). Y buscaba el respaldo de los -entonces- 69 escaños del Podemos de Pablo Iglesias. A su futuro vicepresidente no le gustaba el plan y lo anuló con una estruendosa rememoración del más bochornoso crimen de los GAL. ¿Se acuerdan de aquella diatriba de Iglesias?:

«Desconfíe, señor Sánchez, de los consejos de aquellos que tienen manchado su pasado de cal viva (…) Su problema es que le han prohibido pactar con nosotros. Lo dijo Felipe González, sí, el que tiene el pasado manchado de cal viva. Cuídese de él, señor Sánchez»

Objetivo cumplido. El candidato tuvo que esperar dos años para fraguar su Frankenstein. Hasta la moción de censura de mayo de 2018. Y, por supuesto, sin Ciudadanos. Había bajado de 90 a 85 diputados socialistas. Había sido expulsado y después relanzado al liderazgo del PSOE. No era diputado. ¡Bah! Lo importante era la suma. Y tener muy claro con quiénes sí y con quiénes no se puede sumar. Esa era y sigue siendo la clave.

Con Rivera, no, en 2016. Con Yolanda, tampoco, en 2022.  No hace falta explicitarlo. Solo hay que tenerlo claro. Yolanda está bien como imagen ‘chulísima’ de la sororidad compartida con mandato vicario. Pero vicario, delegado, aparente… Y sin olvidar quién manda. No hace falta recordar la cal viva. Basta con poner a Lilith en lugar de Enrique. 

Además, ‘quien manda’ en ese mundo podémico no tiene hoy interés alguno en pergeñar planes para próximos gobiernos de coalición. Está demasiado debilitado para eso. Lo que ahora le interesa es aprovechar los aún largos meses que restan en su disfrute vicario como báculo de Sánchez para engrasar todas las vías de una próxima brutal oposición. Y eso incluye dejarlo todo minado. En lo económico, en lo social y en lo territorial. Y también en lo cultural. Que Alberto Núñez Feijóo se encuentre España hecha un campo de minas. Lo decía aquí ayer Benito Arruñada. ¿No tiene tanta experiencia de gobierno y tan buenos equipos? ¡Pues buena falta le van a hacer!

Este alarde pirómano de Podemos aún no interesa (explicitarlo) ni al PSOE ni a sus socios separatistas porque todos ellos sí tienen la implantación territorial de la que carece Iglesias, y quieren buscar un buen resultado en las elecciones municipales de mayo de 2023. Después, ya, si eso…  Hasta entonces, toca repartir tareas y Lilith, también ahí, es solo un trampantojo para enamorados de la moda juvenil. 

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