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Teodoro León Gross

El sanchismo c'est moi

«Sánchez es un verdadero ‘killer’, uno de esos tipos a los que no le tiembla el gatillo para deshacerse de cualquiera que le provoque dudas»

Opinión
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El sanchismo c'est moi

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. | Eduardo Parra (EP)

La nueva lista recién elegida de Futuros Purgados por Sánchez podría prestarse a concluir que estamos ante el final del sanchismo tal como lo habíamos conocido. Error. El sanchismo es un movimiento unipersonal. Adriana Lastra & Cía sólo han sido peones convenientes en un ciclo, y ahora sacrificados sin drama siquiera, más bien con el desdén de la Reina de Corazones. El sanchismo c’est moi! es el genuino principio básico de Mi Persona. Ahora ha soltado el lastre del Clan del Peugeot 407, cuando han dejado de resultarle útiles.

Sánchez es un verdadero killer, uno de esos tipos a los que no le tiembla el gatillo para deshacerse de cualquiera que le provoque dudas. Le va larga incluso la lógica siciliana de «uno de los nuestros».

Produce cierta ternura pensar en la insistencia de algunos publicistas del sanchismo, y sobre todo algunas publicistas, defendiendo entre el lunes y el miércoles de esta semana que tras la marcha de Lastra sólo había un embarazo delicado que había que respetar. En realidad, Ketty Garat había adelantado aquí un mes atrás, después de las andaluzas, que Sánchez ya había asumido estos relevos. Y es lógico. Era fácil olfatear en el aire el viento de cambio –tanto que le salía incluso a Tezanos– que reclamaba un golpe de timón.

No existe más sanchismo que Mi Persona. Sánchez simplemente trata de tomar impulso para relanzar la carrera electoral de las próximas generales, y no duda en mantenerse a flote pisando sobre los cadáveres de sus íntimos hasta 5 minutos antes. Ahora no ha vacilado en dejar atrás a la cuadrilla del Peugeot  para irse a buscar a los Chicos de Pepiño, fieles al rubalcabismo hasta que a Sánchez le convino otra hoja de ruta.

Serán sus próximos juguetes rotos.

Por lo demás, Sánchez, en sus cíclicas reinvenciones del PSOE, ahora se ha ido a buscar conexiones con el PSOE del pasado, a través de Patxi López, su rival en las primarias de 2017 que le sacó los colores  en el debate preguntándole si sabía qué era una nación; o María Jesús Montero, que se ocupó del escrito ante la Comisión de Ética para consagrar como La Única Autoridad del PSOE a Verónica Pérez, con el insólito solapamiento de Hacienda y el partido; o Pilar Alegría, que fuera portavoz de la candidatura susanista. Ya sólo le falta a Sánchez hacer ministra a la propia Susana Díaz.

«Tras la pompa de la Cumbre de la OTAN, cuesta creer que vaya a privarse de la presidencia europea de otoño de 2023, pero el instinto de supervivencia de Sánchez puede cambiar los planes»

Que nadie se equivoque. En estos guiños al PSOE tradicional desconectado de Frankenstein, con el que se puede identificar a Patxi López, no hay ninguna intención de recuperar la identidad del viejo partido socialdemócrata. Solo es el combustible que conviene ahora a Mi Persona. Desde su aclamación en julio de 2017, de la que el próximo miércoles se cumplirán ocho años, cada vez que se ha anunciado el regreso al PSOE de siempre ha sido siempre falso. Nunca ha sido más PSOE, sino más sanchismo.

Estos cambios de Mi Persona conllevan, de hecho, un aviso a navegantes y una humillación al partido de casi siglo y medio de historia, al que ha enviado el mensaje de que sólo es un instrumento al servicio de su causa, y no él al servicio de la causa del PSOE. Ha transmitido sus dedazos, y se ha hecho agradecer públicamente las distinciones graciosa de Su Sanchidad, sin acudir siquiera a la Ejecutiva en Ferraz para simular el trámite. Todos se han hincado de hinojos. El sanchismo c’est moi!

No hay que deducir un adelanto electoral, pero ahora es más verosímil que haya adelanto electoral. Tras la pompa de la Cumbre de la OTAN, cuesta creer que vaya a privarse de la presidencia europea de otoño de 2023, para la que ya incluso se ha reservado el palacio de la Alhambra, pero su instinto de supervivencia puede cambiar los planes. Las perspectivas económicas son malas, pero irán a peor. Si va a tener que hacer recortes, como le ocurrió a Zapatero, más vale anticiparse. Es año electoral para alcaldes y barones territoriales de los que aprovechar su inercia y su músculo institucional. De momento, en el Debate sobre el estado de la Nación hizo un discurso muy abiertamente electoralista.

Pero tampoco es descartable que prologue la presidencia hasta el último día, exprimiendo el licor del poder. Todo será como deba ser. O sea, a la medida de sus intereses. 

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