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Lorenzo Grahema

El tótem de Vox

«Ayuso ha roto el monopolio temático de Vox, y Olona lo tiene cuesta arriba»

Opinión
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El tótem de Vox

Macarena Olona. | Europa Press

A Macarena Olona se le ponen las cosas cuesta arriba con las elecciones andaluzas. No porque vayan a obtener un mal resultado, que todo apunta a que su expectativa de voto está blindada. A fin de cuentas, la mitad de la campaña se la está haciendo la mera existencia del rival. Lo único que hace Vox es potenciar a la candidata e insistir en las formulaciones «A / No(A)», es decir: «Tú propones y yo me opongo», enmarcar todo lo hecho como «malo» y que deshacerlo sea el programa electoral y la justificación de un proyecto a largo plazo.

La alternativa, el hacer una propuesta a futuro, es algo secundario porque lo que hoy premia la atención es el enfrentamiento y lo inmediato. Mientras esas dos cuestiones se cumplan, basta con prometer un futuro mejor. De hecho, para que ambas se den, necesitas una némesis, un rival, alguien que te dé pie a la frase. Si, encima, no gobiernas, mejor: gobernar es desgaste o, al menos, es lo terrenal y la pérdida de la idealización.

Vox vive del momento, de la reacción rápida y con efecto. De grandes proclamas y elevados ideales que enciendan el presente y reorienten el pasado. El problema es que las grandes alocuciones, lo inspirador, lo que trasciende en la historia, no son producto de una cuestión efímera, porque el tiempo pasa y lo que se circunscribe a una cuestión momentánea, obvio, no permanece.

Dos ejemplos de atemporalidad: el discurso de Gettysburg el 19 de noviembre de 1863 no tiene como protagonista lo ocurrido (la guerra) sino al «nacimiento de una nueva libertad y un gobierno […] que no desaparecerá de la tierra». 272 palabras en 10 frases que dan dirección a un país entero.

El otro ejemplo es Hamlet. Sale a escena y enuncia «ser o no ser» sin necesitar ningún pie, ninguna excusa, ningún comentario o crítica. El príncipe tiene un objetivo y los demás bailan a su alrededor.

Pero a Vox no le pasa esto: Vox necesita un contendiente al que busca y provoca. Al estilo de Muhammad Ali, deja que el rival le atice porque encaja, aguanta y quiere que el otro se agote y se equivoque. Espera a que baje la guardia y, entonces, golpear duro, aunque el premio no sea un título mundial, sino seguir entrenando en el gimnasio.

Porque la marca Vox vale más que la marca de cualquiera de sus candidatos y, tanto es así, que, si Santiago Abascal mañana se retirara y le sustituyera Macarena Olona, no se resentiría el voto. Recuerden que no importó que el candidato en Castilla y León fuera un desconocido Juan García-Gallardo o que Rocío Monasterio haya perdido proyección mediática, porque Vox, como marca, se sobrepone a todo.

Es paradójico que, en un tiempo en el que el candidato manda, en el que el personaje tiene toda la atención y todo el juicio, un partido haya logrado levantar un tótem alrededor de la marca. Si preguntamos a la gente de Vox por qué es esto, nos dirán que, porque Vox es un proyecto de defensa de España y que trasciende a todos sus líderes. No obstante, es importante recordar que los tótems se derrumban o abandonan en función de los actos de sus clérigos, no por la mera existencia del tótem.

Entonces, si Macarena Olona es la embajadora de esos valores, ¿qué se le está poniendo cuesta arriba? Pues que alguien está abarcando lo que era su dominio: no sólo en temática, sino en acción y, además, con capacidad de gobierno.

El lunes amanecía con una noticia que informaba que Isabel Díaz Ayuso recurría ante el Supremo el currículo de Bachillerato «por su dañina carga ideológica». Este tipo de actuaciones era el campo de Vox y, dentro de Vox, de Macarena Olona. Ella llevó al Tribunal Constitucional la reforma laboral, los PGE, el Estado de Alarma, riders, eutanasia…

Pero Isabel Díaz Ayuso ha dado en la tecla del rendimiento de Vox: no confronta, apenas se refiere a la formación y habla de cuestiones sobre las que Vox tenía el monopolio. Cuestiones como el campo, la caza, los toros o la alienación ejecutada por parte del gobierno de Pedro Sánchez.

¿Por qué a Isabel Díaz Ayuso le rinde más que a Vox? Por tres motivos principales: el primero, que es Presidenta de la Comunidad Autónoma más importante de España. La segunda, que fue el propio Pedro Sánchez quien hizo de la Presidenta su rival directo y así se planteó la elección del 4 de mayo de 2021. La tercera es que, al ser cabeza de un ejecutivo, tiene la capacidad de, no solo congratularse en caso de que un tribunal le dé la razón, sino de poner medidas reales frente a lo recurrido y decírselo abiertamente a la Comisaria Europea de Educación.

En resumen: ha roto el monopolio temático de Vox, es ejecutiva y, en puesta en escena, el siguiente paso de su recurso contra el currículo de bachillerato, se daría en el paisaje favorito de Macarena Olona: el Tribunal Constitucional.

Añadan a esto que Macarena Olona ha llevado a Andalucía el mismo fraseo que tiene a nivel nacional, adaptando los ejemplos y las mecánicas, pero no las políticas ni los casos. Esto, si obviamos los vídeos a cámara lenta, deja el discurso de campaña inconexo, alejado del día a día y de consumo exclusivo para los ya convencidos.

Por tanto, que Macarena Olona tenga su escaño en Madrid en algo así como «pausa administrativa», abunda en la percepción de riesgo a perder un papel relevante e influyente a nivel nacional: recursos, iniciativas legislativas de firma múltiple y tener a Nadia Calviño, a Fernando Grande-Marlaska, a Félix Bolaños o a Yolanda Díaz al alcance de una sesión de control.Ha anunciado que, de confirmar aterrizaje en Andalucía, seguirá con la actividad judicial e interponiendo recursos, pero habrá perdido esos miércoles por la mañana en los que televisiones y radios pinchan en directo y de los que ella es principal atractivo.

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