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Pilar Marcos

19-J: viaje al futuro

«Gracias a una coalición con C’s y a un acuerdo parlamentario con Vox, Moreno transformó un mal resultado del PP en un buen Gobierno. Esa fue su siembra. Ahora llega la cosecha»

Opinión
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19-J: viaje al futuro

EP

Dentro de exactamente dos semanas estaremos evaluando el alcance del viaje al futuro de la política española que marcarán las elecciones del 19-J. El fragor de la campaña impide ver lo más increíble de lo que está pasando: la elevada probabilidad de que estemos al otro lado del espejo de un resultado que marcó para varias décadas la política en Andalucía y, también, en el conjunto de España. Sí, el viaje al futuro del 19-J incluye una icónica estampa del pasado: la de un lejano 23 de mayo de 1982. 

Andalucía acaba de cumplir el 40º aniversario de sus primeras elecciones autonómicas. Se celebraron al calor del referéndum de febrero de 1982: ése que tan costoso fue para la UCD. Y el resultado de aquel 23-M fue impresionante. 

Lograron representación 5 partidos: dos a la izquierda (PSOE-A, PCE), un nacionalista de izquierdas (PSA) y dos a la derecha (UCD y AP). El PSOE consiguió, en el estreno de esa urna andaluza de 1982, su máxima mayoría absoluta (un 52,7% de los votos y 66 escaños). Y aún dejó hueco para que otras dos siglas de izquierda sumaran más votos y escaños, y así forjar la leyenda de que Andalucía es indefectiblemente de izquierdas. El 8,6% del PCE (con 8 escaños), unido al 5,4% del PSA (y 3 diputados), arrojaban una mayoría para la izquierda (en su sentido más amplio) del 66%. ¡Dos tercios del electorado! Enfrente, la UCD en caída libre (13,1% y 15 escaños), junto a una AP que empezaba a crecer (17,1% y 17 diputados), sumaron poco más del 30% de los apoyos (con el resto para extraparlamentarios, blanco y nulo).

La premisa, aparentemente imbatible, de que Andalucía era de izquierdas se ha basado en esas lejanas elecciones de 1982. Aquello pavimentó la victoria de Felipe González en las generales de octubre, a la vez que anunciaba el inminente fallecimiento de la UCD, certificado en las urnas del 28-O.

Sea porque todos somos ‘bayesianos’ o por pereza intelectual, se suele dar por sentado que, más o menos, la mitad del electorado es de izquierdas y la otra mitad de derechas. De ahí surge la muy consolidada creencia de que las elecciones se ganan en el centro: un mínimo avance (del centro-izquierda o del centro-derecha) en ese supuesto territorio central concedería la mayoría a uno u a otro bloque, porque el reparto se supone por mitades.

Por eso, lo más sorprendente de todas las encuestas que se están publicando para el viaje al futuro del 19-J es que tal reparto por mitades quedará tan arrumbado como en las primeras elecciones andaluzas de mayo de 1982. Y, esta vez, el consenso de las encuestas incluye al CIS. Miren cualquier sondeo, de los ya publicados o los que se publiquen en estos días, y sumen porcentajes a derecha e izquierda. ¡Hasta el CIS pronostica que la suma de toda la izquierda (es decir, PSOE + Por Andalucía + Adelante Andalucía) no llegará ni al 40% de los votos! Con el CIS recalculado sin sus sesgos, y con casi todos los demás sondeos, la derecha suma más del 60% del pronóstico de voto.

¿Dónde queda el supuesto izquierdismo andaluz capitaneado por un imbatible PSOE? Quedará exactamente en el lugar en el que le ha colocado la arbitrariedad de Pedro Sánchez: sus decisiones, caprichos e imposiciones. Todos soportamos el coste de esa triada de arbitrariedad: ¡a ver quién es capaz de encontrar un indicador de prosperidad medible que esté mejor desde el advenimiento de su persona, hace ahora cuatro años! Difícil, ¿eh?

¿Y dónde queda el miedo a la derecha que cuatro décadas de socialismo han inoculado, como propaganda supuestamente imbatible, entre el electorado andaluz? Pues quedará arrumbado en el baúl de trastos inservibles tras el bálsamo de la eficaz bonhomía de Juanma Moreno. Su más que moderado reformismo, y la desaparición de la corrupción extractiva de décadas de PSOE, han impulsado lo impensable: que esa Andalucía que fue campeona del paro y el estancamiento con el socialismo, hoy crezca, atraiga la creación de nuevas empresas y cree más empleo que la media de España.

La debacle de la izquierda tuvo dos relevantes avances en Madrid y en Castilla y León. Pero en ambos resulta más difícil señalar el protagonismo negativo de Pedro Sánchez porque, desde hace muchos años, el PP es el partido preferido de sus votantes y nadie les ve como cuna imbatible del socialismo. Lo que sí se desmintió en ambos es la supuesta partición por mitades, entre derecha e izquierda, del electorado. 

En Madrid, el 4-M del año pasado, la izquierda (PSOE + Más Madrid + Podemos) sumó un 41% de los votos, y la derecha (PP + Vox + Ciudadanos) aglutinó el 58%. En Castilla y León, en febrero, la izquierda sin los partidos provinciales (PSOE + Podemos) sólo sumó el 35% de los votos, mientras que la derecha (PP + Vox + C´s), también sin provinciales, aglutinó el 53,5% de las papeletas. No hay, pues, suma por mitades; sí un considerable corrimiento de las preferencias ciudadanas hacia la derecha sea cual sea el reparto interno posterior. 

El corrimiento del voto que vamos a ver en Andalucía el 19-J tiene dos responsables principales. Pedro Sánchez Pérez-Castejón y Juan Manuel Moreno Bonilla. 

Pesará mucho el desgobierno de Sánchez y el hartazgo ciudadano que su mandato ha causado en estos ya cuatro años de empobrecimiento generalizado, sectarismo frentista, prebendas extractivas, invasión de las instituciones para su deterioro y mentira sistemática. Y esa responsabilidad se verá con toda crudeza en Andalucía si, como ya pronostican muchas encuestas, el suelo de Susana Díaz, los 33 escaños (y el 28% de los sufragios, y el millón de papeletas) que utilizó Sánchez para laminarla sin piedad, queda por encima (o muy por encima) del techo de Juan Espadas, ese mini-yo del líder del PSOE que fue utilizado para que no quedara ni sombra de duda del destino que aguardaba a quien osara toserle. 

Será también muy relevante constatar que Juanma no rompe nada, no ofende a nadie, ha sido capaz de llevarse bien hasta con quienes le hicieron la vida imposible… Y, a la vez, su Gobierno facilita que Andalucía empiece a funcionar. Desde tiempos de Gaspar Zarrías se decía que las elecciones andaluzas se ganan en la Junta. Gracias a una coalición con C’s y a un acuerdo parlamentario con Vox, Moreno transformó un mal resultado del PP en un buen Gobierno. Esa fue su siembra. Ahora llega la cosecha.

El viaje al futuro del 19-J mostrará nuevos paisajes. El más esperado permitirá empezar a vislumbrar cómo será el PSOE sin Pedro Sánchez. Otro será un indicador adelantado del próximo Gobierno de Alberto Núñez Feijóo. Y habrá más.

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