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Teodoro León Gross

El rearme indepe: Procés II

«El Procés II se prolongará pero empieza a parecer más sólido que el Procés I»

Opinión
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El rearme indepe: Procés II

El portavoz de Esquerra Republicana (ERC) en el Congreso, Gabriel Rufián.

Se cambia ley de secretos oficiales desacreditando la credibilidad del CNI para satisfacer al nacionalismo secesionista; se cambian las reglas del juego en comisiones parlamentarias de asuntos de Estado para satisfacer al nacionalismo secesionista; se da vía libre a despenalizar las injurias contra el Jefe del Estado para satisfacer al nacionalismo secesionista; se aprueba un fraude de ley para desobedecer al Supremo incumpliendo el derecho a estudiar también en castellano en Cataluña y una vez más por satisfacer al nacionalismo secesionista…

¿Y hay que concluir que todo va a mejor, como presume Pedro Sánchez?

Se diría que es el revés. Y con la complicidad activa, como colaborador necesario, del Partido Socialista: es el PSOE quien promueve los cambios que rebajan al CNI y ha entregado la cabeza de su ‘número 1’; es el PSOE quien ha facilitado la astracanada de la comisión de secretos oficiales cambiando las reglas del juego; es el PSOE quien ha volcado la mayoría para que se puedan despenalizar las injurias contra el Jefe del Estado… y son los socialistas quienes han apoyado al bloque nacionalpopulista para sacar un fraude de ley que prolongue la manipulación educativa en Cataluña.

Las mayorías tienen un precio. Y esto es lo que hay. Solo hay que añadir el frente mediático para dar la batalla del relato, y ahí confluyen los presupuestos de Moncloa y los presupuestos de la Generalitat. Mucha manteca.

Con el independentismo en una crisis de movilización, reflejada en sus propios sondeos, en pocas semanas se ha producido una reacción para rearmar el ánimo y tomar un nuevo impulso hacia un procesismo de segunda generación. Rufián nunca disimuló que la debilidad del Gobierno salido de las urnas en 2019 les proporcionaba su momento, y era realmente su momento. Ahora. Ahora están demostrando la capacidad para aprovecharlo con la catapulta chusca del ‘Catalangate’. Al cabo, las posibilidades de hacer prosperar un referéndum ilegal en la Europa del siglo XXI es muy pequeña, y el aventurerismo golpista da para lo que da, de ahí la apuesta actual por una hoja de ruta para debilitar el Estado de modo que no haya ruptura radical sino un proceso de degradación del marco constitucional hasta la necrosis necesaria. Esto es el Procés II.

La heredera de la Corona no puede acudir a Gerona para entregar sus premios porque se le veta en una parte del territorio español, donde el Rey es persona non grata. Nada que decir desde el Gobierno. Las calumnias e injurias lanzadas estos días contra el Rey Emérito ha servido de ensayo general para despenalizar la barra libre que permitirá erosionar al Rey Felipe VI. Con el apoyo del Gobierno.

El proyecto de  Juegos Olímpicos de Invierno, con la candidatura pirenaica que el presidente del Gobierno comprometió desde la equidad y el equilibrio entre Aragón y Cataluña, ha terminado en una operación espuria al servicio de los intereses catalanes, paradójicamente en detrimento de una comunidad presidida por un socialista. Sánchez e Iceta han trasladado al Comité Olímpico la operación humillante, como se califica desde Aragón. Nadie duda que con los fondos europeos, y la palanca formidable de los pertes, habrá más, mucho más.

Todo esto suma, y coincide a partir del zarrapastroso informe de Citizen Lab de un activista de Tsunami que el independentismo usó para orquestar su estrategia de rearme con la entrega absoluta de Moncloa (primero, no refutando un informe de tercera división; después, con el viaje entreguista de Bolaños; más tarde, la cabeza cortada de la jefa del CNI servida por Robles; también la cesión de la comisión de secretos oficiales adulterando las reglas y la independencia del poder legislativo; y al cabo el acatamiento obediente de la orden indepe de «que no se repita»). Y la clave está precisamente en la parte socialista. Al cabo, el independentismo nunca ha ocultado su objetivo, sin emboscarse en eufemismos; y su deslealtad es coherente.

En todo esto, solo hay algo asombroso: la complicidad socialista, desde el Gobierno de España, con quienes tratan de socavar el orden constitucional. Y esa alianza expone mucho al Estado. El Procés II se prolongará pero empieza a parecer más sólido que el Procés I.

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