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Teodoro León Gross

Yolanda 1 – Iglesias 0 (la gran falacia andaluza)

«Como un Cid invertido, Iglesias sigue perdiendo batallas después de muerto políticamente. Un espectáculo fascinante»

Opinión
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Yolanda 1 – Iglesias 0 (la gran falacia andaluza)

Pablo Iglesias con Yolanda Díaz en un acto de la campaña de Madrid de 2021. | EP

Antes de entrar en la derrota de Iglesias, una más desde 2015, cuando tuvo un irrupción efervescente beneficiándose de que nadie lo conociera, y antes de llegar al gol de la victoria de Yolanda Díaz, eso sí, de penalti injusto, aunque cualquier futbolero aplicará la máxima de que se trata de ganar aunque sea así… antes, hay que aclarar algunas cosas en ese escenario andaluz básicamente fraudulento.

El acuerdo de las izquierdas, se dice. Y es la primera falacia. Convendrá aclarar que en Andalucía, incluso si no hay fractura de Unidas y Podemos, léase de Podemos y de IU, hay cuatro listas en la izquierda, cuatro, con once marcas y un puñado de satélites.

1)   PSOE: La marca integra, de manera natural, a sanchistas, susanistas y algunas corrientes con la vitola de auténticos.

2)   Por Andalucía: fijos están IU, Más País, Equo e Iniciativa del Pueblo. En el alero, Podemos y Alianza Verde.

3)   Adelante Andalucía (o «Lo de Teresa y Kichi»): Anticapis, Izquierda Andalucista, Primavera Andaluza, Defender Andalucía.

4)   Andaluces Levantaos (o no): Andalucía Por sí, Convergencia Andaluza, Andalucía entre Todos… Foro Montellano, Andalucistas Linenses, Los Barrios 100×100, Ganemos Chiclana.

No, no es broma, y no, no se descarta que esto vaya a más.

Si siente usted, lector, la necesidad de descojonarse de risa, hágalo sin problema y seguimos después. Se entiende.

Vamos allá, asumiendo que la izquierda, como el Frente de Liberación de Judea, siempre tenderá a nuevas escisiones. Hay gente, como Diego Cañamero y otros, a los que el azar ha colocado en una lista a contracorriente de los suyos.

Las izquierdas… esa abstracción que Pedro Sánchez ha planteado con otra falacia (claro que por qué iba a ser esta vez una excepción): «Aquí va a haber dos opciones: o un Gobierno de coalición de la derecha con la ultraderecha, o un Gobierno de centroizquierda del Partido Socialista con lo que represente el espacio de Yolanda Díaz». O sea, en la derecha hay derecha y extrema derecha; y en la izquierda hay centroizquierda y Mundos de Yuppi. ¿No es maravilloso?

Las izquierdas son también, claro, la suma de la izquierda y la extrema izquierda, donde se mezclan comunistas bolivarianos, comunistas clásicos, anticapis, nacionalistas andaluces (valga el oxímoron) y algunos verdes, unos más verdes y otros tipo «sandía» como se decía en la Alemania de los ochenta: verdes por fuera pero rojos por dentro. Menestra picadita tradicional en esos predios.

En los medios se ha impuesto denominarlos «la izquierda de la izquierda, el último eufemismo de esa zona de confort. Se trata de no decir en ningún caso «extrema izquierda» para evitar el paralelismo con la extrema derecha. Mardones, tócate los… eufemismos.     

El espacio de Yolanda Díaz no existe. Ya se verá lo que pueda representar cuando exista. De momento no representa nada, más allá de la liquidación del Podemos de Pablo Iglesias en la hoja de ruta sanchista, con el viejo sueño húmedo de domesticar ese territorio salvaje. Es más que suficiente para apostar.

Y ahora, la crónica del Yolanda 1- Iglesias 0.

A pocas horas de cerrarse la candidatura, Yolanda Díaz entiende que IU marcará la pauta. Ella había rehuido su presencia en Andalucía  (con una escandalosa ausencia de la titular de Trabajo en la comunidad con más problemas históricos de empleo) y no se había atrevido a mover ficha del Frente Amplio, pero baja a bendecir como candidata a Inma Nieto, léase apropiársela. Ante el caballo ganador, la bendijo por el procedimiento de pasear por la Feria abrazándola. No se veía nada tan pintoresco desde lo de Isabel II haciendo caer el Gobierno O’Donnell al bailar en su cumpleaños antes con Narváez, la después llamada Crisis del Rigodón. Pero sucedió.

Y dicho eso, acertó. Podemos tenía planteado un órdago en el que se convertía en perdedor o perdedor. Un chicken game absurdo, pretendiendo negociar a cara de perro hasta el minuto final, como esos fichajes de una megaestrella en el mercado de invierno donde el fax llega a las 23.59 con el último euro y la última cláusula negociada in extremis, porque ambas partes tienen mucho que ganar. Aquí Podemos ofrecía peor candidato, ausencia de estructura, ningún poder institucional y una marca a la baja. Resultado: lógicamente perdió, y además llegó tarde. Qué vachaché.

Es todo tan chusco, tan zarrapastroso, que se ha abierto paso la hipótesis de que Podemos no quería el acuerdo, sino provocar un caos de ruido y bochorno. En apoyo de esa hipótesis, este lunes Podemos definía esto en rueda de prensa nacional como primer ensayo del Frente Amplio de Yolanda Díaz. La propia Yolanda Díaz salía a desmentirlo. Ella lo bendice, pero no es suyo. O sea, sí pero no. ¿Quién pensaba que esto no daba para más?

Y habrá más: Podemos irá por libre; y más allá de las deslealtades, la desconfianza está asegurada. Ni siquiera ante notario cierran bien eso.

Balance final: Podemos va a concurrir como secundario porque en Andalucía carecen de estructura. Se les ha visto el plumero: no han debatido de programa, solo de sillones y de pasta. El farol no engaña. Por eso Yolanda Díaz, de rebote, sin hacer apenas nada, les ha ganado la mano. Se podría decir, en términos futbolísticos, de penalti injusto en el último minuto. Pero es gol. Conclusión: Yolanda Díaz 1- Pablo Iglesias 0.

Coda: Desde que pasó de las aulas a la política, de la teoría a la práctica, de la especulación a la realidad, de las musas al teatro, Iglesias ha acumulado derrotas y fracasos. Y sigue así incluso después de retirarse. Como un Cid invertido, Iglesias sigue perdiendo batallas después de muerto políticamente. Un espectáculo fascinante.

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