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Teodoro León Gross

Un Estado a la medida de sus enemigos

«El PSOE prefiere debilitar la Inteligencia que protege al Estado con tal de contentar a sus aliados que llevan años tratando de debilitar el Estado»

Opinión
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Un Estado a la medida de sus enemigos

El caso Pegasus ya acumula, como de costumbre, un buen catálogo de imposturas. Y el primer fracaso, como también es costumbre, ha sido el marco. Desde el momento en que se acepta la denominación de «escándalo del espionaje», ya se le ha comprado el relato al independentismo con su tesis victimista de los demócratas perseguidos por un Estado autoritario. Es tan absurdo como denominarlo Caso seguimiento de los traidores prorrusos. La forma en que se nombra algo define ese algo. Una operación de seguimiento y escuchas bajo tutela judicial no es espionaje, ni resulta anómalo en una democracia como ya se ha apresurado a denunciar el procesismo ‘indepe’ con el marco habitual de la falta de democracia en España. Puigdemont lo vende en el Parlamento europeo como Catalangate.

En ese catálogo de imposturas está, por supuesto, haber trampeado las reglas para meter a los enemigos del Estado en la comisión de secretos oficiales. ¿Quién podía imaginar, claro, que a los cinco minutos de terminar ya habría titulares en la prensa ‘indepe’? Claro que quizá sea inevitable, cuando has cometido graves delitos contra el Estado y te han salido gratis, que no vaya a quitarte el sueño el delito de revelación de secretos.

Todo esto coloca al Gobierno ante una realidad incómoda recurrente: ¡esos son sus socios, Sr. Sánchez!

El Gobierno está diseñado para tener a Vox como némesis, como si todos los males del sistema vinieran desde la extrema derecha, pero constantemente el acoso a la dignidad de las instituciones procede de sus socios o de sus aliados preferentes desde la extrema izquierda:

Rufián: «Esto no sólo se puede cargar la legislatura; se puede cargar la democracia en este país». Por supuesto, compra el marco tan incansable como ridículo de Puigdemont: «Pegasus y la democracia son incompatibles».

Errejón: «Tienes que depurar responsabilidades y tienen que rodar cabezas». Por supuesto, ya se da por hecho que tienen que rodar cabezas antes de depurar responsabilidades.

Míriam Nogueras: «No queremos sólo algunas cabezas; las queremos todas». Eso, todas.

Mertxe Aizpurua: «Resulta bastante increíble [la versión del Gobierno]… Si no fuese tan grave, parecería un guion para Ibáñez, aquel que escribía las viñetas de Mortadelo y Filemón».

De Esquerra a Bildu, del PNV a Más País, todos han cuestionado al Gobierno. Y son sus aliados preferentes. Otro tanto su socio del Gobierno:

Echenique: «Revelaría una flagrante incompetencia o, aún peor, una absoluta dejación de funciones a la hora de limpiar las cloacas del Estado. Por todo ello es inevitable que asuman responsabilidades políticas». Siempre aferrados a la obsesión de las cloacas como imaginario del Estado, y a pedir también cabezas.

Belarra: «Necesitamos que se asuman responsabilidades políticas urgentemente». Eso, urgentemente, sin esperar ninguna investigación.

Belarra, otra impostura más, es ministra y líder de un partido del Gobierno que pide cabezas de ese Gobierno por la gestión del Gobierno que comparten colegiadamente.

Después de todo esto, por supuesto, el PSOE ha salido a dar una respuesta contundente. ¿Contra quién en particular? Pues Adriana Lastra salió sin demora a replicar severamente a Feijóo por haber expresado su sorpresa ante la casualidad de que el Gobierno se declarase espiado mientras se le acusaba de espionaje: «Sembrar dudas sobre algo tan grave es demostrar muy poco sentido de Estado».

Ninguna de las dudas que plantean Esquerra o Podemos. Ninguna de las acusaciones de Echenique o Errejón. Nada de eso le incomoda al PSOE ni le parece falta de sentido de Estado, como tampoco que les pidan cabezas de ministros del PSOE. Pero lo que no van a tolerar, eso sí que no, es que Feijóo mencionara la palabra casualidad.

Qué cosas.

Esta es la paradoja: el PSOE acepta todas las críticas de Esquerra o Bildu, por supuesto también de Podemos, por corrosivas o zarrapastrosas que puedan ser, y calla una y otra vez ante sus excesos, pero, ah, de ninguna manera están dispuestos a pasarle a Feijóo una nadería así. De hecho, Feijóo dijo «probablemente sea una casualidad», pero el PSOE puede aceptar que les llamen totalitarios, corruptos o espías, pero no van a tolerar que alguien piense que dos más dos son cuatro.

En realidad, una vez más, el PP salió en auxilio del Gobierno –«nosotros sí creemos en las instituciones», les enfatizó Cuca Gamarra– y sumaron sus votos para evitar una comisión de investigación con todos los ingredientes para convertirse en un aquelarre en el que dar riendas suelta a los demonios de la izquierda antisistema. No es la primera que desde la derecha rescatan aritméticamente al Gobierno, más allá del chusco affaire Casero.

Cada vez que un asunto afecta al Estado, ya sea el envío de armas a Ucrania como socio de la OTAN o los fondos europeos, el Gobierno se ve abandonado por sus aliados e incluso sus propios socios dentro del Gobierno; a los que el PSOE, en todo caso, ha tenido la gentileza de enviarles a la responsable del CNI a una comisión trampa a sabiendas de que ni siquiera respetarían los secretos oficiales.

En la galería de paradojas, esto es lo que hay: el PSOE prefiere debilitar la Inteligencia que proteger al Estado con tal de contentar a sus aliados que llevan años tratando de debilitar el Estado. O dicho de otro modo: anteponen su necesidad de contentar a los enemigos del Estado a la defensa del propio Estado.

Claro que a fuerza de costumbre, esto ya ni siquiera llama mucho la atención.

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