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Teodoro León Gross

La España Insumisa del 'Baron Noir' Sánchez

«En lugar de permitir que Podemos ocupe su espacio, Sánchez ha sido quien ha ocupado parte del espacio de Podemos y ya ha liquidado a Iglesias en ese trayecto»

Opinión
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La España Insumisa del 'Baron Noir' Sánchez

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. | Europa Press

En mayo de 2020, un año antes de que Pablo Iglesias se precipitara al vacío en la campaña de Madrid, Pedro Sánchez le recomendó la serie francesa Baron Noir. El líder de Podemos después se lo agradeció públicamente con entusiasmo, e incluso consideró que era material de primera para las aulas de Ciencias Políticas. El retrato descarnado de las intrigas políticas francesas en Baron Noir tiene algo de House of Cards, muy lejos de El ala Oeste de la Casa Blanca e incluso de Borgen, con una mandataria decente como Birgitte Nyborg. En esta serie no hay de eso, sino mentiras, traiciones, trampas, chanchullos, corruptelas y mucho instinto de supervivencia. Iglesias no debió de aprender demasiado, porque apenas duró un año más en política devorado por Sánchez en las escalas del poder.

No es difícil entender que le gustase tanto a Pedro Sánchez esa serie que retrata la política, sobre todo, como Manual de Resistencia: «No necesitamos un santo; necesitamos un líder», dice Philippe Rickwaert, el protagonista. En las intrigas del Partido Socialista a prueba de todo, él sortea un constante campo de minas, muchas puestas por él mismo para sembrar su trayectoria de cadáveres. La política es efectivamente la guerra por otros medios, según la fórmula de Clausewitz, donde se requiere una formidable capacidad de supervivencia.  Hay otra máxima muy gráfica en la serie: «Por encima de las refriegas hay limpieza, pero no hay aire». La política es choque, conflicto, y más arriba se puede respirar oxígeno puro, pero la política desfallece.

A la serie, por cierto, se le ha reconocido lo certeramente que anticipaba la disociación de eso que algunos han denominado «las dos almas del Partido Socialista», y que no es más que la existencia de moderados y radicales en los grandes partidos tradicionales del bipartidismo, al ser muy anchos. Eso vale incluso para demócratas y republicanos en Estados Unidos, y por supuesto para socialdemócratas y conservadores de cualquier país europeo, también tories y labours. Estos últimos años ese modelo ha tendido a fragmentarse, e incluso en detrimento de la matriz. En Francia se ha identificado a la moderada del Partido Socialista en la serie, Amélie Dorendeu, como Macron; y a Michel Vidal, el izquierdista que proclama que «el Partido Socialista  ha muerto», con un Mélenchon que crece sobre las cenizas de ese «viejo mundo».

En este momento, en la realidad, el Partido Socialista francés se debate entre la agonía o echarse en brazos de la Francia Insumisa de Mélenchon. Tras frisar apenas el 2% en las elecciones presidenciales, su situación es crítica. Como el zorro del proverbio, se diría que cada paso que da está un paso más cerca de la peletería. Léase matadero. Después de aceptar el pasado jueves la integración, el sector moderado pudo frenar la operación denunciando que los socialistas se entregaban asumiendo completamente el programa de Mélenchon, incluso su antieuropeísmo.

Mientras el Partido Popular francés mira a Macron y apuesta por la oferta moderada frente a Le Pen, el Partido Socialista parece claramente enfilado a alejarse del centro para unirse a la extrema izquierda populista. De algún modo, es el paso que dio Pedro Sánchez cuando en otoño de 2017, después de haber hecho una propuesta en el espacio tradicional del PSOE: «Me equivoqué al tachar a Podemos de populistas, el PSOE tiene que trabajar codo con codo con Podemos» asumiendo el mensaje de «gente joven que quiere renovar la política»; «ese impulso es muy necesario para el PSOE». Había arrasado en las primarias, frente al PSOE tradicional. Y efectivamente llevó el PSOE, aunque con la escenificación táctica adecuada, hacia esa izquierda.

Será interesante ver qué sucede en Francia con los socialistas arrastrados por Mélenchon. En España no puede suceder porque efectivamente Sánchez ha desplazado al PSOE hacia la izquierda. En lugar de permitir que Podemos ocupara parte de su espacio, como por otra parte intuyó certeramente Errejón que debía hacerse, Sánchez ha sido quien ocupó parte del espacio de Podemos y ya liquidó a Iglesias en ese trayecto. Sólo necesita el Frente Hueco de Yolanda Díaz para completar el tablero –a Unidas Podemos ni los cita– pero es casi un formalismo. A su modo, el Baron Noir Sánchez ha construido una España Inumisa, que él denomina progresista.

La Francia Insumisa de Mélenchon, tercera fuerza en voto para las presidenciales, urge a los socialistas franceses desarmados a cerrar ya. Había marcado el 1 de mayo como deadline, con evidente simbolismo, para ir a las legislativas de junio con Les Verts, los Anticapis y el Partido Comunista, casi en línea de lo que Rubalcaba bautizó como Frankenstein. En el socialismo aún hay pulso –Cambadélis apela a Hollande o Cazeneuve y Martine Aubry para constituir la Resistencia– pero Olivier Faure está en ello. Y se ha apuntado que el día ideal para el pacto sería hoy, aniversario simbólico del Frente Popular, puesto que el 3 de mayo de 1936 fue cuando ganó las elecciones legislativas.

Una vez que ese Frente Popular cuaje en Francia, no tardará en aparecer la propuesta de Frente Popular en España. Eso seguro.

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