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Teodoro León Gross

Vox y el Manual de Coaliciones del PSOE

«Más vale dejarse de hipocresía. La izquierda en general, y el PSOE en particular, no tienen ningún interés en que el PP rechace a Vox»

Opinión
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Vox y el Manual de Coaliciones del PSOE

Alberto Núñez Feijóo. | Alberto Ortega (EP)

La izquierda española ha encontrado en las elecciones francesas del domingo un nuevo argumento para reclamar el cordón sanitario a la extrema derecha, que hoy irá en el ticket de investidura castellanoleonés. De momento, campaña tras campaña, la extrema derecha francesa ha alcanzado un inquietante 30% si se suma a Marine Le Pen con Éric Zemmour, cuya segunda marca por sí sola suma más votos que el partido socialista y el partido popular juntos. ¿Alguien podría estar equivocándose de planteamiento?

En realidad hay algo particularmente inútil si se quiere combatir los pactos corrosivos para la democracia: el cinismo. Es lo que sucede con la hipocresía moralizante de la izquierda al plantear el cordón a Vox. De hecho, resulta sencillamente asombrosa la insistencia de sus líderes, y también sus corifeos mediáticos; un asombro que expresó muy bien Alberto Núñez Feijóo días atrás ante Ángels Barceló con una perplejidad socarrona que acabó viralizándose en las redes:

–¿Pero qué me dice usted?

Después Feijóo añadió sobre la exigencia del PSOE al PP: «Entiendo que eso es una broma, que el Partido Socialista nos diga que hay que romper con Vox… El Partido Socialista, gobernando con Bildu en Navarra, con Podemos en el Gobierno de España con los apoyos de Esquerra Republicana y Bildu para sacar presupuestos y leyes… Supongo que el Manual de Coaliciones del Partido Socialista es justamente el manual de lo que no se debe hacer«.

Quienes sugieren el argumento europeo del cordón sanitario a la extrema derecha tienden a olvidar que procede de países donde no se pacta con la extrema derecha pero tampoco con la extrema izquierda, y tanto más con un partido de cercano al colaboracionismo terrorista como Bildu, aún muy apegado a los activistas como se constata en cada homenaje local, o con un partido implicado en el golpe catalán al orden constitucional del 1-O de 2017. No es raro que Feijóo se preguntara, en aquella entrevista, si la pregunta era una broma.

Feijóo en realidad ha aclarado algo más: el PP sí preguntó al PSOE sobre la posibilidad de su abstención para una investidura sin Vox en Castilla y León, y el PSOE les respondió que no podían contar con sus votos. Esa es la clave. En los países europeos donde efectivamente se hacen cordones sanitarios, es precisamente porque se hacen grandes coaliciones entre socialdemócratas y liberal-conservadores antes que pactar con fuerzas extremistas más o menos antisistema. El PSOE, desde el «no es no» de Sánchez, ha bloqueado esa solución básica en la cultura democrática europea. El veto mutuo entre PSOE y PP aboca, en un escenario multipartidista polarizado, a pactar hacia los extremos.

Más vale dejarse de hipocresía. La izquierda en general, y el PSOE en particular, no tienen ningún interés en que el PP rechace a Vox. Al revés, quieren al PP pactando con Vox, y con el mayor ruido alrededor, arreándose golpes de pecho desde el primer amanecer radiofónico hasta la última columna del periódico, fustigándose como esos penitentes que teatralizan un castigo dándose con un látigo falso. Por eso no dan sus votos al PP en Castilla y León. Su estrategia pasa por considerarse la única salvación ante la extrema derecha, y para eso necesitan que haya extrema derecha. Es la paradoja irónica y amarga. Como las empresas dedicadas al control de plagas se alegran de que haya plagas.

Ni por un minuto ha resultado verosímil la crítica de la izquierda, como también ha resultado absurdamente innecesario el discurso de Mañueco para defender el pacto con Vox : «es un acuerdo que plasma la única alternativa viable para evitar una repetición electoral que nadie quería; es un acuerdo que garantiza cuatro años de estabilidad; es una acuerdo beneficioso para mejorar nuestra calidad democrática; y es, en definitiva, un acuerdo necesario para mejorar el futuro de neustra tierra». Con los dos primeros motivos, habría bastado. El parlamentarismo es aritmética y estabilidad, y en Castilla y León sólo podían pactar con Vox a falta de ningún otro apoyo que pudiera dar estabilidad una vez completada la ronda de contactos con todos los partidos. A partir de ahí, sólo cabe que el pacto sea transparente y en cuatro años examinarse del balance de la gestión.

No, no es «un acuerdo beneficioso para mejorar nuestra calidad democrática». Tal vez sí útil, puesto que podría servir, como en el caso de Podemos en el Gobierno Sánchez, para que Vox se desbrave inevitablemente al asumir la lógica institucional. Pero sólo eso. Por lo demás, dar soluciones iliberales a la democracia liberal nunca es un planteamiento deseable para la calidad democrática. Con Vox lo mismo que con Podemos, Esquerra y Bildu. Lo que desde luego resulta ridículo, completamente ridículo, es ponerse a dar lecciones sobre los pactos con una fuerza extremista desde un Gobierno con Podemos, Esquerra y Bildu. No se puede dar doctrina moral desde la inmoralidad. Ese cinismo sólo sirve para favorecer lo que supuestamente censuran.

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