THE OBJECTIVE
Enrique García-Máiquez

La elasticidad de Feijóo

«Feijóo se ha declarado ideológicamente cercano a posiciones socialdemócratas y de izquierda moderada»

Opinión
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La elasticidad de Feijóo

Alberto Núñez Feijóo. | Europa Press

Ya he escrito que el relevo de Pablo Casado por Alberto Núñez Feijóo no es un simple cambio de líderes, sino un giro de 180º en la estrategia política del PP. Casado pretendió, desde aquellas primarias que ganó entre el fervor de los suyos, competir con Vox. Feijóo dará la espalda a Vox, incluso vistiendo el gesto de desdén, pero lo hará porque su intención es no enfrentarse al partido de Abascal. Él viene a confrontar con el PSOE de Sánchez, por talante —por supuesto—, pero también por estrategia, porque lo ve más vulnerable. O si quieren, quien lo ha visto no es Feijóo, que probablemente esté fijo en su idea desde hace muchísimo tiempo, sino el partido. Éste ha decidido (recuérdese la cercanía de la decapitación de Casado con el resultado en Castilla y León) no dar más coces contra el aguijón de Vox, y pegarlas ahora contra la espina de la rosa socialista.

Feijóo es el hombre para eso. El nuevo líder in pectore del Partido Popular se ha declarado ideológicamente cercano a posiciones socialdemócratas y de izquierda moderada. Su plan lo ha contado por activa, por pasiva y por gubernativa: «Hay millones de votos sin cobertura: la socialdemocracia, el centroizquierda, los socialistas digamos templados… Ése es el espacio que tiene ocupar el Partido Popular. Ésa es mi tesis y es una tesis conocida porque es la que intento aplicar en Galicia». Para él resulta fundamental que el PP colinde en los asuntos más importantes con el PSOE.

El plan en su cabeza es estupendo, y en la de muchos más. No parece mala estrategia, sobre todo teniendo en cuenta el fracaso de Casado en la suya de la rivalidad frontal con Vox. Si funciona o no en la realidad, va a depender del grado de elasticidad que consiga dar Feijóo a los principios de sus votantes.

Con la actual división del electorado, es imposible que ningún partido consiga una mayoría absoluta. Así las cosas, las opciones de Feijóo pasarán, como las de todos, por pactar. Podría hacerlo con Vox, que es lo que los votantes tradicionales del PP prefieren. Pero ¿serían capaces de tragar con ese pacto los votantes que Feijóo haya ganado entre «la socialdemocracia, el centroizquierda y los socialistas digamos templados»?

Y viceversa. Podría pactar con el PSOE, alejándolo de Bildu y de ERC. Aumentaría su aureola de gran estadista y desde Europa le aplaudirían a rabiar. Pero ¿su discurso tendría la elasticidad suficiente como para seguir atrayendo al grueso del votante popular, esto es, al votante más o menos de derechas, que rechaza instintivamente al PSOE y piensa que las soluciones para España exigen salirse de ese consenso socialdemócrata? Seguramente sea su intención, con la esperanza de que el PP lleva muchos años haciendo políticas poquísimo liberales y menos conservadoras con los votos de los ilusos liberales y los constantes conservadores.

Si Feijóo cuajase su gran coalición, convertiría a Vox ipso facto en la única oposición, con los efectos esperables en las próximas citas electorales. Pero no sería el mayor de sus problemas. Lo terrible podría ocurrir antes: la fuga de sus votantes. Un PP que renuncia a recuperar los millones de votantes suyos que ya se fueron a Vox y se concentre en ganar votos socialdemócratas, necesita sumar esos nuevos votos de socialistas templados con sus votos en conserva de derechistas templados. Si pacta con el PSOE, se le pueden ir los más fieles, su suelo electoral. Esta vez, con el partido de Abascal crecido y cuajado y ya con algunos altavoces mediáticos, las cosas pueden ser muy diferentes en la derecha. Y si Feijóo pacta con Vox, se le pueden ir los nuevos, si le llegaron a entrar. El escándalo de sus medios sería morrocotudo. Muchísimo más si Vox está, como vaticinan algunas encuestas, por encima en los resultados.

Necesitaría, por tanto, ser más gallego que nunca para no decir si sube o baja. Pero le será imposible, sin embargo, ponerse de perfil. Primero, porque nadie le va a hacer otra pregunta. Y segundo, porque los gobiernos autonómicos serán (ya lo son) la prueba del algodón. Feijóo llegará a sus elecciones con todas las cartas sobre la mesa o todas las escaleras subidas o todas bajadas hasta el último escalón de un extremo u otro.

Por eso, todo dependerá de su elasticidad. ¿Mantendrá a unos votantes y a otros, agua y aceite, metidos en su urna? La gran coalición la tiene que formar con sus electores mucho antes que en los gobiernos. Si no lo consigue, y se le fugan votos a Vox por la derecha o se le quedan en el PSOE por la izquierda, corre el riesgo de dejar un partido popular absolutamente centrado, homologable con todos los estándares europeos, moderno, progresivo y toda la pesca, pero convertido en un partido bisagra o residual. En el nuevo Cs, para entendernos.

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