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Enrique García-Máiquez

Futurible andaluz

«Vox viene advirtiendo de que esta vez no regalará su apoyo. Entonces a Juanma Moreno Bonilla sí le interesaría muchísimo tener a los de Juan Marín integrados en sus listas»

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Futurible andaluz

El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno Bonilla, junto al vicepresidente, Juan Marín. | Europa Press

Jorge Luis Borges profetizó la política-entretenimiento para el futuro de la humanidad. Nos vamos acercando al modelo, aunque en la realidad no tenga tanta gracia como en la utopía borgiana. De la política andaluza, ya teníamos encima el interrogante de cuándo serán las elecciones, que ahora, tras el movimiento sorpresa en Castilla y León, se llena de suspense y excitación. Hagan juego, señores. Las últimas semanas nos dejan una nueva adivina-adivinanza: ¿concurrirán en listas conjuntas el centro-centro-centrado, esto es, Cs, y el centro-derecha, el PP?

Juan Marín, líder regional de Cs y vicepresidente de la Junta, ha dicho que sí y ha dicho que no. Arrimadas también ha titubeado. La dirección nacional del PP ha zanjado que nada de nada, mientras que la andaluza ha mirado para otro lado por respeto a su socio siamés en el Gobierno de la Junta, pero, por debajo, ha dicho que tampoco.

Si sumamos y restamos, el balance es que hay más papeletas para el «no» que para el «sí», aunque hay una razón para el «sí» que no están ponderando. Veamos primero las que sí ponderan. La presencia de Juan Marín en las listas del PP no aportaría mucho voto. Su victoria en unas primarias en que partía con ventaja ha sido corta y desvaída. Tampoco hay que olvidar que mucho votante de Cs no quiere expresamente votar al PP ni atado (y por eso es de Cs). Se corre el riesgo de que le pueda más a la alergia que la militancia. Al PP le trae más cuenta, a ojo de buen cubero, apostar por el abandono de Cs en el desierto de la irrelevancia que por la momificación de Juan Marín en el interior de su pirámide jerárquica. Contra eso, el único argumento a favor es que una concentración de votos puede acercar al PP unificado a la mayoría absoluta, aunque sea con un aporte mínimo de Cs. Que Marín sea la gota que desborde el vaso de la mayoría.

Aquí viene, precisamente, la razón poderosa que no se les ha pasado por la cabeza. Si no sacan esa mayoría absoluta, les hará falta Vox —como ya les hizo esta legislatura y según apuntan las encuestas— y la ficción se pone mucho más interesante. Porque Vox viene advirtiendo de que esta vez no regalará su apoyo. Entonces a Juanma Moreno Bonilla sí le interesaría muchísimo tener a los de Juan Marín integrados en sus listas.

Preventivamente, porque si Juan Marín hace campaña por su cuenta no le va a quedar más que arremeter contra Vox, sosteniendo que su gran contribución al gobierno de Juanma Moreno ha sido bloquear a los de Abascal. En lo demás, ha sido tan absoluta la sintonía PP-Cs que no podrá marcar una mínima distancia de marketing electoral. Con el tema de Vox, sí. Lo cual presionaría mucho a Juanma Moreno durante toda la campaña. El líder del PP andaluz no podrá hacer como Isabel Díez Ayuso, que, en su campaña madrileña, se permitió soslayar el ataque frontal a Vox para centrarse [estas negritas son mías] en fustigar a la izquierda y abonar los pactos postelectorales. Díaz Ayuso se lo pudo permitir porque Cs llegaba con mucho plomo en las alas después de sus devaneos con la izquierda para las mociones de censura de Murcia y Madrid. Juan Marín ha sido un socio leal y, por eso, sería letal.

En cambio, sometido al argumentario unificado de la lista conjunta no trabajaría el riñón de Juanma por el flanco de Vox ni le haría prometer en campaña cosas centristas de las que arrepentirse después de las elecciones.

En los pactos tras las elecciones, volvería a ser importante tener a Cs bajo el paraguas disciplinario del grupo conjunto. Incluso si fuese irrelevante en las sumas, sería un Pepito Grillo constante contra el acuerdo con Vox. Si la suma de Cs con el PP necesita a Vox, Cs restaría muchísimo más. Es impensable un Cs independiente entrando en el Gobierno con el partido de Abascal. Arrimadas no lo podría permitir por puro instinto de supervivencia. Ella tiene un nicho seguro en el voto de no izquierdas que siente un rechazo visceral por Vox. Encima, un Cs independiente podría pactar con el PSOE si los números diesen para bloquear una participación de Vox en el gobierno andaluz. Cortar el ascenso de la derecha le justificaría ante sus votantes de toda España. Con Cs empotrado en las listas del PP, se previenen de un plumazo todos estos imprevistos de racimo.

En definitiva, si se baraja la posibilidad (que las encuestas sostienen) de un pacto del PP con Vox para gobernar Andalucía, lo más inteligente es integrar a Juan Marín, por lo que pueda pasar. Esto tiene la lectura simétricamente inversa. Si no se quiere pactar con Vox por nada del mundo, incluso a riesgo de que vuelva la izquierda a gobernar la Junta de Andalucía, lo más taimado es dejar que Cs vuele libre. Si logra un mínimo de peso (tanto para aliarse con el PP como para hacerlo, mucho ojo, con el PSOE), Vox volvería a remar contracorriente.

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