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España, octavo país que más energía compra a Rusia: 1.900 millones desde el inicio de la guerra

El país ruso ha ingresado 63.000 millones en exportaciones de petróleo, gas y carbón

España, octavo país que más energía compra a Rusia: 1.900 millones desde el inicio de la guerra

El presidente de Rusia, Vladimir Putin. | Mikhail Klimentyev (Zuma Press)

España es el octavo país que más gasta en importar combustibles procedente de Rusia con 1.900 millones de euros desde que comenzara la invasión a Ucrania. Además, el puerto de Bilbao ha recibido durante estos dos últimos gas ruso por valor de 320 millones de euros, según un informe elaborado por el Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio (CREA, por sus siglas en inglés).

No obstante, está muy lejos de los primeros de la tabla. España importa gas y crudo desde Rusia, pero no carbón. En concreto, en el primer trimestre del año, ha importado 7.629 gigavatios hora (GWh) de gas natural ruso, lo que supone un 32% menos que en el mismo periodo del año pasado. Tan solo en marzo fueron 3.277 GWh, lo que representó el 8,7% de la demanda total en el mes.

En total, según el documento de CREA, los ingresos de Rusia por las exportaciones de combustibles fósiles —gas, petróleo y carbón— alcanzan los 63.000 millones de euros en los dos meses que va de invasión al país ucraniano.

La Unión Europea (UE) ha importado el 71% de esta cantidad, lo que supone un valor aproximado de 44.000 millones de euros. El Viejo Continente compra un 30% del carbón que exporta Rusia, el 50% del crudo y el 80% del gas. Por países, los mayores importadores han sido Alemania (9.100 millones de euros), Italia (6.900), China (6.700), Países Bajos (5.900), Turquía (4.100) y Francia (3.800 millones).

Mayores importadores de combustibles fósiles de Rusia. Fuente: CREA

Con el fin de reducir la dependencia rusa, la UE ha vetado la importación de carbón ruso a partir de julio y se espera que la Comisión Europea sugiera también una prohibición de las importaciones de petróleo en los próximos días. La reunión extraordinaria del Consejo Europeo se celebrará los días 30 y 31 de mayo. No obstante, ahora mismo, ni la UE puede dejar de depender de Rusia por completo ni viceversa.

La Comisión Europea presentó a principios de marzo su propuesta para reducir dos tercios las importaciones de gas de Rusia al año y lograr el objetivo de cortar su dependencia de los combustibles fósiles rusos en 2030, como respuesta a la invasión. Para alcanzar este objetivo, el Ejecutivo comunitario ha desarrollado el plan bautizado como REPowerEU Pretende evitar proveedores que produzcan inestabilidad como Gazprom, mayor gasística del mundo y controlada en su mayoría por el Estado ruso.

En este sentido, la UE se fija en otros mercados como  Qatar, EEUU, Egipto o el este de África. La diversificación de proveedores podría efectuarse también a través de los gasoductos de Azerbaijan, Argelia o Noruega, que podrían suministrar 10.000 millones de metros cúbicos de gas adicionales por curso. Además, el Ejecutivo comunitario continuará en conversaciones con los principales compradores mundiales de gas, como son Japón, Corea del Sur, China o India para analizar la situación del mercado a medio plazo.

También apostará por la coordinación entre los Estados miembros para acumular reservas de gas, acelerar la adopción de combustibles renovables para sustituir al gas y reducir el impacto de los altos precios de la energía en los consumidores. Este miércoles Alemania informó de que ha reducido de forma sustancial su dependencia del petróleo ruso, por lo que ahora considera que un embargo sería «manejable».

En cuanto a puertos marítimos se refiere, el suministro de petróleo desde Rusia cayó un 20% en las tres primeras semanas de abril en comparación con enero y febrero previos al inicio de la guerra. Sin embargo, el carbón aumentó un 20% y el suministro de gas natural licuado se incrementó un 50%. El descenso en petróleo crudo se aceleró a mediados de marzo.

Los mayores puertos que reciben combustibles fósiles rusos son los de Róterdam (1.549 millones de euros) y Maasvlakte (1.241), en los Países Bajos, seguidos de Triestre (996) en Italia, Gdansk (751) en Polonia, y Zeebrugge (717) y Amberes (600) en Bélgica. Por otro lado, según el informe, durante la invasión se han detectado entregas en instalaciones vinculadas a las petroleras Exxon Mobil, Shell, Total, Repsol, BP, Lukoil, Neste y Orlen. CREA subraya que la mayoría de los envíos han indo a parar a terminales «anodinas» de manipulación y almacenamiento.

El documento también indica que entre las empresas eléctricas e industriales que importan combustibles fósiles rusos se encuentran RWE, KEPCO, Taipower, Chubu Electric Power, TEPCO, Kyushu Electric Power, Nippon Steel, Tohoku Electric Power, POSCO, Formosa Petrochemical Corporation, Mitsubishi, Hyundai Steel, Sumitomo y JFE Steel.

«La guerra de Rusia contra Ucrania se financia en gran medida con las exportaciones de carbón, petróleo y gas del agresor. Esos mismos recursos son la principal causa de otro peligro global: el cambio climático. Este es un momento histórico. Mientras Rusia intenta encontrar nuevos compradores para sus exportaciones de combustibles fósiles con el fin de seguir financiando sus ambiciones militares y las matanzas de civiles, tenemos la oportunidad, como comunidad mundial, de reconocer que los combustibles fósiles crean tanto la guerra como la destrucción del clima», indica Anna Ackermann, especialista en política climática y energética, miembro fundador de la ONG ucraniana Centro de Iniciativas Medioambientales Ecoaction.

Por su parte, Kira Vinke, directora del Centro de Política Climática y Exterior del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores (DGAP), considera «inaceptable» que Alemania siga importando grandes cantidades de combustibles fósiles de un país que «ha violado de forma flagrante y reiterada el derecho internacional». «La respuesta a este desafío tiene que ser el aumento de las energías renovables, no el fomento de nuevas dependencias de los combustibles fósiles, como el gas de fracking o la energía nuclear», apunta.

«Las exportaciones son clave para el régimen de Putin»

«Las exportaciones de combustibles fósiles son un factor clave para el régimen de Putin y de muchos otros Estados delincuentes. La continuidad de las importaciones de energía es la principal laguna de las sanciones impuestas a Rusia. Todos los que compran estos combustibles fósiles son cómplices de las horrendas violaciones del derecho internacional que llevan a cabo los militares rusos», reivindica Lauri Myllyvirta, analista principal de CREA —organización de investigación independiente que se creó en Helsinki en 2019—

Rusia ha dejado sin gas a Polonia. El presidente ruso, Vladimir Putin, lanzó un ultimátum el pasado 31 de marzo por el que exigía que se pagase en rublos el suministro de la preciada fuente de energía, de la que es el principal proveedor. Ante la negativa del Ejecutivo polaco, la empresa estatal de gas PGNiG anunció este miércoles el cierre del grifo por parte de su homóloga Gazprom, en un movimiento que puede tener importantes consecuencias en la política energética europea. 

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