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El adiós de Carlos Henrique Casemiro: un mito que se ganó «el derecho a decidir»

El jugador se despide con 18 títulos a sus espaldas y dejando 85 millones en la caja dirección Manchester

El adiós de Carlos Henrique Casemiro: un mito que se ganó «el derecho a decidir»

Casemiro levanta la Supercopa de Europa. | Reuters

Todo ha sucedido muy rápido. Tanto, que muchos madridistas aún no son capaces de asimilarlo, pero Casemiro ya se ha despedido del Real Madrid. Duele por lo inesperado, por la inmediatez y porque se marcha «una leyenda» que, como aseguran desde Castellana, «siempre representará los valores del club. Un jugador ejemplar que lo ha dado todo por el Real Madrid».

De Concha Espina hemos visto salir a mitos vivientes por la puerta de atrás, pero este no es el caso. Se marcha bien ‘Case’. Con el cariño de compañeros, staff técnico, empleados del club, afición y, por encima de todos, con el de su presidente. En cuanto se materializó su marcha, Florentino Pérez y la dirección de comunicación merengue se pusieron manos a la obra. Casemiro merecía «una despedida a la altura» en la Ciudad Real Madrid, «rodeado de los suyos y de sus logros». Puedo ser categórico con esto: ni un ápice de rencor por su apresurada salida dirección Manchester

Y es que el máximo mandatario blanco tiene un predicamento especial por el brasileño, valora su desempeño durante la última década y considera «que se ha ganado el derecho a decidir». Esto no significa que Florentino se esperara tal premura en el desarrollo de los acontecimientos: «Debo decirte con sinceridad que nunca pensé que este día podría llegar», confesaba el lunes apenado el dirigente merengue, pero tras 19 temporadas gestionando el transitar de sus estrellas, nada le agarra mal parado.

Casemiro se despide con 18 títulos a sus espaldas y dejando 85 millones en la caja dirección Manchester. Un negocio redondo si tenemos en cuenta que el Madrid lo fichó por seis millones de euros procedente del Sao Paulo en el mercado invernal de la temporada 2012-13.

Eterno agradecimiento a Mourinho

Un 20 de abril de 2013 le cambia la vida al canarinho. José Mourinho, técnico por entonces del Real Madrid, lo llama a su despacho. El propio Casemiro reconoce que estaba asustado: «Pensé… ¿qué es lo que he hecho?». ‘Mou’ lo tranquiliza mientras señala una pizarra donde se encuentra escrito el 11 inicial que se medirá al Betis: «¿Estás viendo eso? Hoy vas a jugar de titular». ‘Case’ (que todavía es futbolista del Castilla) no da crédito y ‘Mou’ prosigue: «Te conozco, sé que has jugado más de 100 partidos con el Sao Paulo. Sé lo que le gusta al Bernabéu y que lo puedes hacer; en el primer balón sal a muerte, reviéntalo. Después mete un pase de 70 metros a un delantero. A este estadio le gustan los futbolistas que juegan con el corazón». El jovencísimo mediocampista, aún en shock, se encuentra en una nube: «Salí de aquella charla convencido de que era el mejor mediocentro defensivo del mundo. Aquellas palabras no me las había dedicado un cualquiera, me las había dicho José Mourinho».

A pesar de lo relatado, su camino a la titularidad fue complejo. 25 partidos disputados la campaña siguiente a las órdenes de Carlo Ancelotti y, la mayoría, saliendo desde el banquillo. Sería el año de la ansiada Décima y Casemiro tendría un papel primordial en ella.

Vuelta de los cuartos de final contra el Borussia Dortmund: el Madrid traía una ventaja de 3-0 del Bernabéu, pero en sólo 36 minutos ya ha recibido un doblete de Reus. El equipo se descompone, tiene perdida la mitad de la cancha y Carletto actúa: entra Case y sale Di María. El menino sostiene al equipo y barre todo balón que pasa por su zona. Misión cumplida, los de Ancelotti pasan a semifinales y Casemiro se gana el respeto de todo el madridismo.

Aun así, al año siguiente le toca emigrar a Porto en forma de cesión. No sería hasta la campaña 2015-16 cuando el Madrid lo recupera y, Rafa Benítez primero, y Zinedine Zidane después, lo convierten en fundamental en su esquema. En sus primeras cuatro campañas de blanco ganaría cuatro copas de Europa. Algo que le valió en el vestuario su apodo de ‘Casemito’.

Mis experiencias con Casemiro

He tenido la suerte de ser contemporáneo de ‘Case’ (en realidad, comencé a cubrir el día a día de los blancos desde dos temporadas antes de que aterrizara en Barajas) y, por tanto, tengo unas cuantas vivencias a su lado, pero me gustaría destacar un par de ellas.

La primera se remonta al año 2017. Final de la Champions contra la Juventus en Cardiff. El partido va empate a uno. De repente una pelota queda suelta en la frontal y el brasileño la pega con el alma. Es gol, es el 2 a 1 que pone al Madrid por delante. El que les escribe está a pie de campo, a sólo unos metros de la acción, desarrollando mis labores como speaker merengue. Mi garganta retumba en el cielo galés: «Gol de Carlos Henrique….Casemiro». Me siento orgulloso de haber puesto voz en el estadio al tanto más importante de la carrera de Casemiro. Les adjunto el vídeo para que disfruten tanto como yo lo hice aquella noche de la Duodécima.

La última es más reciente. Del 24 de mayo, concretamente. Faltaban cuatro días para la final de la Champions y el Real Madrid organizó un media day para que pudiéramos charlar con los futbolistas. Algunos, sobre todo los más jóvenes, nos daban largas cambiadas empapados en un lógico nerviosismo. No así Casemiro. El brasileño acabó su repetitiva ronda de entrevistas y se quedó con varios de las plumillas departiendo off the record. Lo que nos contó entre bambalinas fue delicioso, pero el código deontológico que rige nuestra profesión me obliga a guárdamelo para mis adentros. Hoy, con la perspectiva del tiempo, reflexiono sobre si algunas de sus palabras y actitudes sonaban a despedida. De hecho, el propio ‘Case’ reconoce que, justo después de la final de la Copa de Europa, se dio cuenta de que su ciclo en el Madrid había terminado. Guardo la foto que nos sacamos aquella jornada como oro en paño y, la comparto con todos ustedes, queridos lectores de THE OBJECTIVE, con el ánimo de demostrarles que, detrás de un grandísimo futbolista, también se escondía una estupenda persona.

¡Gracias por todo, Casemiro!

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