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Thomas T. Goldsmith Jr., el padre olvidado de los videojuegos

Goldsmith no ha dejado huella humana, reflexiones o entrevistas sobre el medio, aunque hubiera sido perfectamente posible que estas existieran

Thomas T. Goldsmith Jr., el padre olvidado de los videojuegos

Thomas T. Goldsmith Jr.

Venía de Ítaca, como Ulises. Y tenía ingenio, aunque lo suyo no fuera un caballo lleno de aqueos, sino un rayo verde brillante que, tras la hábil manipulación de diales, podía emular la trayectoria de un misil derribando bombarderos de los cielos. Su nombre era Thomas T. Goldsmith Jr. y su sueño —compartido con otro hombre de Ítaca, la de Nueva York, no la Homérica, un tal Estle Ray Mann que había estudiado con Goldsmith en esta universidad—  se llamaba Dispositivo de entretenimiento con tubo de rayos catódicos

No es el nombre más sexy del mundo, qué duda cabe, pero lleva aparejado el que tal vez sea el primer intento de inventar algo así como un videojuego. Ese medio, que desde esta tribuna siempre llamaremos décimo arte (y que está reconocido como industria cultural en países como el nuestro desde hace más de una década) y que prevé cruzar la cifra de los 200.000 millones de dólares anuales de facturación en este mismo 2022. Oséase, unas cinco veces el año más lucrativo que toda la industria del cine en las taquillas. Anécdota que a mí me hace más bien poca gracia porque parece que si la cifra no marea no habría que interesarse por el interfecto, pero que no está de más recordar ante la desidia mediática (en nuestro país, todo hay que decirlo, porque los de Albión lo cuidan de otra manera) que sigue aquejando la cobertura del videojuego en el periodismo de postín. 

Por suerte, al menos en esta cabecera, quieren que las cosas cambien; o que empiecen a cambiar, que es la forma de que, efectivamente, cambien. Así que para esta primera tribuna se me pasaron por la mente muchos posibles temas y me di cuenta que el esencial, el tuétano del asunto, era una cuestión de paternidad. Si hay que trazar, y creo que hay que hacerlo, una perspectiva sobre el videojuego desde las lentes de la cultura, el primer deber de dichas lentes es mirar al pasado.

¿Y cuál es el pasado del videojuego? ¿Quién es su padre? ¿O su madre? ¿Hay Epopeya de Gilgamesh o, a poco que se ponga la lupa, los orígenes se desvelan como más inciertos y complejos?

Un nombre. Thomas T. Goldsmith Jr. Un nombre del que yo apenas sí conocía información antes de iniciar esta columna. Cuando se indaga en quiénes fueron los padres del videojuego, los relojes de la historia suelen retroceder en principio a finales de los 60 y principios de los 70; a los balbuceos de una industria que pronto se desvelará como multimillonaria en la primera etapa de los inolvidables salones recreativos. Pero una segunda mirada llega antes, mucho antes, a los años 50. Sin ir más lejos, esa Málaga museística imparable aguarda el estreno de OXO, el primer museo de carácter permanente dedicado al videojuego en España. Y se llama precisamente OXO por una versión del tres en raya creada por AS Douglas nada menos que en 1952.

Pero es que el 28 de enero de 1947, unos cuantos años antes, un par de treintañeros registraban la patente de nombre tan sexy que les contaba: Dispositivo de entretenimiento con tubo de rayos catódicos. ¿Qué era dicho ingenio? Pues grosso modo, un rayo controlado por un osciloscopio que se podía controlar con la manipulación de unos diales y apuntar a unos blancos creados con rectángulos de plástico que simulaban ser aviones de la Segunda Guerra Mundial. Ni más ni menos. El hecho de que no hubiera ningún cerebro informático musculando esta idea es lo que, a rigor de historiadores, le resta puntos para ser el padre de los videojuegos. Pero si el criterio histórico se centrara, y veremos a lo largo de esta tribuna que no parece un enfoque baladí, en los objetivos de diseño que persigue un videojuego, pues… entre el corazón de Dispositivo de entretenimiento con tubo de rayos catódicos y por ejemplo un clásico de los recreativos como Missile Command hay poco trecho.

Dispositivo de entretenimiento con tubo de rayos catódicos.

Lo triste es que la relevancia del ingenio de Goldsmith y Mann fue tan escasa que sus ideas no llegaron a permear a la industria del videojuego que nació tres décadas más tarde. Son unos Lumiére que nunca llegaron a fascinar a nadie con su ferrocarril desbocado. Una anécdota a pie de página del medio llamado a abanderar el alma de nuestra especie en el presente siglo. 

Pionero clave en la historia de la televisión

Pero lo que más me fastidia, y fascina, es pensar en Goldsmith en sí. Y pensar en él en términos humanísticos. ¿Quién era? ¿Con qué soñaba? Los datos biográficos me los despeja pronto Wikipedia. De ahí uno saca que Goldsmith fue un pionero clave en la historia de la televisión por sus numerosas patentes como jefe de ingenieros de DuMont Laboratories (pionera de la industria de la pequeña pantalla), que fue profesor emérito de Físicas en la Universidad de Furman, que nació un 9 de enero de 1910 y que murió un 5 de marzo de 2009, rozando el siglo de vida, y con obituario del The New York Times. Que su padre (Thomas) era agente inmobiliario y que su madre (Charlotte) era concertista de piano. Que sus experiencias en la segunda Guerra Mundial, y, en concreto, su conocimiento de cómo funcionaban los rádares en aquel conflicto le dio la idea de su juego. 

¿Pero quién era él? ¿A qué olían sus ovejas eléctricas? ¿Qué pensaba de la industria multimillonaria a la que, de alguna manera, contribuyó como progenitor inconsciente? Thomas murió en 2009. Es decir, fue plenamente consciente del boom de los videojuegos en todo su esplendor. Cuesta imaginar, siendo como fue inventor de un protovideojuego militar, que no se fascinara con el desembarco de Normandía de Medal of Honor o las Guerras Tiberianas. ¿Quién sabe si no se fascinó con el Commandos español parido por Gonzo Suárez, Ignacio Pérez Dolset y una de las mejores generaciones de diseñadores patrios del medio? 

Quién sabe, porque nadie preguntó. Goldsmith no ha dejado huella humana, reflexiones o entrevistas sobre el medio, aunque hubiera sido perfectamente posible que estas existieran. Pero quien la sigue, la consigue. Una de las 34 visualizaciones que atesora un vídeo de la Television Academy Foundation americana es mía; porque ese vídeo es el único testimonio audiovisual que tenemos de Thomas T. Goldsmith. Media hora en la que el padre olvidado de los videojuegos, habla, sonríe, mira y se revela como un ser humano. Hasta nos cuenta que lo solían llamar Doc, como al inolvidable personaje de Regreso al futuro. La lástima es pensar en todo lo que no nos cuenta y que se le podría preguntar. Porque en esta media hora Goldsmith, elocuente como resulta, no suelta prenda de su juego.

De eso irán estas Teselas que, semana a semana, iremos desenterrando cual arqueólogos del último de las bellas artes. A veces con pena, a veces puede que hasta con rabia, pero siempre con el deseo de saber qué fue, es y será. 

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