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A la guerra por Crimea

Crimea está en el fondo del conflicto que enfrenta a Occidente con Putin. Es una vieja historia

A la guerra por Crimea

León Tolstoy. | Wikimedia Commons

La Historia se repite, por eso es tan importante conocerla. Ya hubo hace dos siglos un conflicto entre Rusia y las potencias occidentales, que acudieron en auxilio de un país que parecía víctima propiciatoria de Moscú. En aquel caso no era Ucrania, sino Turquía, y el teatro de operaciones fue la Guerra de Crimea.

Hoy también es Crimea la auténtica causa del conflicto que sobrecoge a Europa. Putin teme que si Ucrania ingresa en la OTAN intente recuperar por las armas esa estratégica península, que Rusia ocupó y anexionó en 2014. Pero Crimea no sólo tiene valor estratégico para Moscú, tiene sobre todo un valor simbólico para el nacionalismo ruso. En la Guerra de Crimea estuvo luchando Tolstoy, la gloria de las letras rusas, del mismo modo que Cervantes combatió en Lepanto.

Catalina la Grande arrebató Crimea al Islam. En 1783 liquidó el Kanato de los Tártaros de Crimea, un estado musulmán vasallo de los turcos, y anexionó la península a Rusia. Desde un siglo antes, con el reinado de Pedro el Grande, modernizador de Rusia, Moscú buscaba una salida al Mediterráneo, y esto no podía lograrse más que a costa de Turquía, la potencia situada entre Rusia y el Mare Nostrum. Entre el siglo XVIII y el XIX hubo nueve guerras ruso-turcas, y Rusia fue ganando terreno.

En 1853 el zar Nicolás I invocó la buena razón de proteger a los cristianos súbditos del Imperio Otomano, que realmente eran cruelmente tratados por sus amos turcos -no es casualidad que Putin invoque la protección de los rusos que viven en el Este de Ucrania- El ejército ruso invadió el Imperio Otomano por la actual Rumanía, que era vasalla de los turcos y recibió a los rusos como liberadores. Su objetivo declarado era Constantinopla, el ansiado puerto sobre el Mediterráneo.

Francia e Inglaterra se alarmaron. Entendían que lo de Mare Nostrum, Mar Nuestro, se refería a ellos, que solamente las escuadras francesa y británica debían señorearlo. Ni a París ni a Londres les importaba Turquía, se la consideraba «el hombre enfermo de Europa» y todo el mundo estaba dispuesto a aprovecharse de su decadencia. Pero no podían permitir que Rusia tomara Constantinopla, y enviaron sus ejércitos para impedirlo. Pero la batalla no se daría en las puertas de la antigua ciudad de Constantino, sino en las de Sebastopol, en la Península de Crimea.

Sebastopol

La rada de Sebastopol era una magnífica base naval natural, sede de la flota rusa del Mar Negro. Quien la controlase dominaba el Mar Negro, antesala del Mediterráneo, que es a donde Rusia quería llegar. Un cuerpo expedicionario franco-británico de más de 50.000 hombres desembarcó en Crimea e inició el asedio de Sebastopol

Pero la ciudad resistió todos los asaltos porque tenía formidables defensas construidas por un ingeniero alemán, y una guarnición aguerrida y resistente. Entre ellos estaba un teniente de artillería de 25 años, el conde León Tolstoy, que había solicitado ese destino porque quería conocer de cerca la guerra. Es obvio que lo hizo –y que no le gustó- pues de la experiencia de Crimea nacería Guerra y Paz, una de las obras maestras de la literatura universal y una profunda reflexión pacifista. Y antes de ello, como una especie de ensayo, Tolstoy escribió Historias de Sebastopol, tres relatos de sus vivencias en el asedio.

La Guerra de Crimea no sólo horrorizó a Tolstoy, se convirtió en un monstruo que tragaba hombres y recursos. Hubo varias batallas, aunque ninguna decisiva, y las enfermedades y el frío causaron más muertos que las balas entre los aliados. Francia e Inglaterra habían comenzado enviando unos 30.000 soldados cada potencia, pero al final la guerra requirió la implicación de 400.000 franceses y 250.000 británicos. Italia, o mejor dicho, el Reino de Cerdeña, cuyo primer ministro Cavour tenía en mente convertirlo en Italia, se unió a los aliados por oportunismo, porque quería figurar entre las potencias occidentales, y aportó 15.000 hombres.

Se considera que la Guerra de Crimea fue la primera guerra moderna porque fue la primera fotografiada y narrada por corresponsales de guerra. Fue también la primera en que hubo enfermeras, porque las enfermedades fueron la primera causa de fallecimiento. Murieron casi 100.000 franceses, 22.000 ingleses y más de 2.000 italianos. No es posible establecer cuántos rusos cayeron en el conflicto; en la defensa de Sebastopol murieron más de 100.000, en todos los frentes unos 400.000. Y nadie sabe cuántos turcos perdieron la vida.

Al cabo de dos años de asedio los rusos, que habían llegado al límite de su resistencia, se retiraron al amparo de la noche por un puente de barcas que atravesaba la rada, y cuando los aliados entraron en Sebastopol encontraron una ciudad vacía. Se firmó un armisticio y entonces se dieron imágenes insólitas de confraternización entre los oficiales antes enemigos. Los rusos dieron un fabuloso banquete en el que aparecen mezclados con franceses, ingleses e italianos. Pero nadie invitó a los turcos.

La impresión general fue que la Guerra de Crimea había servido para muy poco y había tenido un coste altísimo.

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